Una mujer hablando en un micrófono en un entorno formal con asientos rojos al fondo.
POLÍTICA

CUP y Comuns, los partidos de la élite

Aunque se vista de antisistema, la izquierda contemporánea es un resultado del propio sistema

Esta semana hubo en redes una polémica que nos sirve para entender la realidad sociopolítica que hay detrás de los partidos. El pasado lunes, un usuario que responde al nombre de “Arqueòleg” compartía unos datos sobre el nivel educativo de los votantes.

Según esos datos, VOX es el partido con unos votantes menos formados (el partido con más personas que solo tienen la ESO). En un sentido similar, AC es el partido con más votantes que tienen una FP. Por su parte, CUP y Comuns son (y con bastante diferencia) los partidos con los votantes más formados. La CUP, por ejemplo, es el partido con más másteres, mientras que los Comuns destacan en doctorados.

Un hombre y una mujer sentados en un banco de madera se miran fijamente con expresiones serias

Dado el perfil “antifascista” del usuario que compartía estos datos, era de esperar una explicación muy sofisticada de esta situación. Según dice, “el mercado laboral ha dividido ideológicamente a la clase obrera, los trabajadores manuales no cualificados han estado marginalidades de la economía global por la robotización, la IA y la competencia con trabajadores migrados y esto los ha llevado a votar la ultraderecha”. En este sentido, concluye el usuario, “la izquierda sigue nutriendo su base de votantes a las asambleas y sindicatos universitarios y su discurso, complejo y erudito lo hace mucho más atractivo en la clase trabajadora culto y cualificada, pero no llega a la manual y no cualificada”.

El caso es que la situación descrita por este usuario no es ninguna novedad. De hecho, la sociología electoral es uno de los ámbitos mejor estudiados de las ciencias políticas. Ahora bien, el “Arqueòleg” no señala otros ámbitos de esta cuestión que están igualmente estudiados o que por lo menos tienen una interpretación distinta a la que se quiere sugerir.

Alejamiento absoluto de la realidad

Ciertamente, la izquierda contemporánea se nutre fundamentalmente de clases medias y altas de extracción universitaria. Ahora bien, no todas las carreras universitarias tienen el mismo perfil. Y es que muchos de estos votantes formados de partidos de izquierdas provienen de letras y ciencias sociales. Esto es clave.

Dada la mala perspectiva laboral de estos estudios y su penetración urbana, muchas personas que salen de las facultades de letras desarrollan un sentimiento de resentimiento o pérdida. De hecho, ellos también se incluyen dentro de la categoría de “perdedores de la globalización”. Más en particular, se sabe por la sociología electoral de Podemos durante el 15-M que estamos frente a un hombre joven, urbano, precario y muy formado en ámbitos de letras.

Esto explica que los famosos “chiringuitos” no sean otra cosa que un sumidero de las facultades de ciencias sociales. Asunto distinto es que, por su nula producción económica, los puestos disponibles sean muy escasos. Esto también explica que muchos partidos de izquierda sirvan de cantera para los chiringuitos y viceversa. Basta repasar estos entes administrativos para comprobar que casi todos tienen que ver con el antirracismo, el ecologismo, el pacifismo, el urbanismo y cosas por el estilo.

Luego, con respecto a la erudición y complejidad del discurso de izquierdas hay que señalar que no estamos ante tal erudición o complejidad. En el mejor de los casos son barroquismos académicos con una escasa relación descriptiva con la realidad. De hecho, partidos como la CUP se han convertido en memes en este punto. Hace unos meses, por ejemplo, Laure Vega (CUP) pedía una renta universal para “decir no a situaciones de violencia de cualquier tipo y sí a la libertad suficiente en términos republicanos de base material como para poder devenir y recrear toda la potencia humana”:

Por esta razón, Comuns y CUP tienen una incapacidad congénita para asumir las problemáticas reales y simples de los barrios populares. Así, por ejemplo, cada día intentan cuadrar el círculo cuando hablan de multirreincidencia, mercado inmobiliario o presión demográfica. El resultado es que ‘de facto’ Vox o AC representen a la clase obrera.

En suma, no es ninguna novedad que la izquierda contemporánea sea en esencia un resultado del propio sistema. Más en particular, es un resultado de los hijos de las élites, que no encuentran ningún sitio en la realidad de la economía productiva. 

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