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POLÍTICA

Un ciudadano relata el miedo que pasó visitando Lérida con su mujer: 'Es inaceptable'

La inseguridad es una realidad social, no un problema de percepciones

La preocupación por la inseguridad en Lérida ha ganado visibilidad después de que un visitante, Juan Rodríguez, hiciera pública una carta en la que detalla el miedo que él y su mujer sufrieron durante una reciente estancia en la ciudad. Su testimonio, difundido a través del diario Segre, ha reabierto el debate sobre el deterioro del clima de convivencia y la falta de protección percibida por vecinos y turistas. El visitante asegura que lo que debía ser una experiencia cultural “acabó convirtiéndose en una situación de tensión constante”.

Rodríguez explica que su paso por la zona de la Seu Vella, uno de los principales atractivos del municipio, se vio marcado por episodios de intimidación, presencia de grupos conflictivos y un ambiente general que “no invita a caminar con tranquilidad”. La vivencia, lejos de ser un hecho aislado, se inserta en un contexto en el que la ciudad acumula quejas y señales de alarma. “El que hemos pasado mi mujer y yo no tiene nombre y es inaceptable para cualquier visitante”, lamenta en su escrito.

Un grupo de policías con chalecos reflectantes y cascos blancos está en una calle junto a motocicletas mientras una persona está sentada en el suelo.

El turista describe que calles y plazas donde esperaba encontrar un entorno seguro mostraban signos evidentes de abandono y tensión social. Habla de consumos de droga a plena vista, de movimientos que generaban inquietud y de una sensación de impunidad que, en su opinión, se ha extendido por distintos puntos del casco urbano. Esta percepción, advierte, genera que “cualquier visitante se sienta vulnerable y poco bienvenido”.

Rodríguez subraya que le resulta incomprensible que una ciudad con un patrimonio histórico tan destacado no garantice unos mínimos de protección para quienes la visitan. Reivindica un refuerzo urgente de la presencia policial, mejoras prácticas en iluminación y vigilancia, así como medidas preventivas que contribuyan a disuadir comportamientos delictivos. Para él, estas actuaciones son imprescindibles para que Lérida recupere la confianza de los turistas y de sus propios vecinos.

No son percepciones

El testimonio coincide con los datos que en los últimos meses han alertado sobre un repunte significativo de la criminalidad en la ciudad. Según la Junta de Seguridad local, han empeorado las cifras de robos con violencia, ataques a vehículos y otros episodios que han generado preocupación en barrios como la Mariola. Esta tendencia ha ido acompañada de denuncias vecinales y de una sensación creciente de abandono institucional.

Un hombre con gafas y barba blanca está sentado frente a un fondo rojo con las letras

La situación ha impulsado la creación de plataformas vecinales que reclaman más recursos policiales y cambios legislativos que permitan frenar una delincuencia que perciben cada vez más difícil de controlar. En el entorno urbano, los apuñalamientos registrados a finales de agosto y otras agresiones recientes han intensificado el clima de preocupación.

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