
El crimen de una mujer en Lérida muestra el fracaso del buenismo y los límites de la reinserción
El detenido se benefició de un sistema excesivamente garantista pese a haber matado un hombre en 2000
El pasado domingo por la tarde, según detalles revelados por El Caso, un hombre empapado de sangre se presentó en la comisaría de los Mossos de Lérida asegurando haber matado a una mujer. Cuando los agentes se desplazaron hasta el inmueble, en el centro de la ciudad, descubrieron el cadáver de una mujer a la que le habían cortado el cuello. Asesino y víctima vivían juntos, aunque no hay indicios que fueran pareja y los Mossos d'Esquadra han iniciado una investigación.

Lo relevante de esta noticia es la identidad del asesino confeso. Se trata de Mario Casteras, un delincuente habitual de 65 años que en 2001 fue condenado por el asesinato de otro preso mientras se encontraba interno en la cárcel de Lérida. Pese a haber intentado fugarse y haber protagonizado varios altercados durante todos estos años, ahora se encontraba en libertad disfrutando de un tercer grado.
La presencia en la calle de una persona con una vidente incapacidad de adaptación social vuelve a retratar un sistema penal especialmente garantista. Un sistema que se preocupa más del bienestar de quienes cometen un delito, que de la protección de sus posibles víctimas.
El problema no es nuevo, ya que viene arrastrándose desde hace años con casos sonados como el asesinato de dos policías nacionales a manos de un psicópata en Bellvitge, en 2005, mientras disfrutaba de un permiso penitenciario. Los expertos reconocieron en aquel caso que habían fallado todos los protocolos, pero el sistema sigue igual y las consecuencias saltan a la vista.
Otro fallo clamoroso
Mario Casteras cumplía una condena menor cuando en el año 2000 mató a golpes a otro interno en el gimnasio de la cárcel de Lérida. Tras ser condenado a quince años e intentar fugarse de la cárcel sin éxito, fue trasladado al penal de Figueras. Allí hizo una huelha de hambre para volver a Lérida, e inició un periplo por el sistema penitenciario hasta recibir el tercer grado y quedar en libertad en 2022.
Su vuelta a la calle fue de todo menos armónica, acumulando varios altercados que agrandaron su historial de antecedentes. El anterior homicidio, la fuga de la cárcel, los incidentes y la mala conducta eran motivos más que suficientes para dudar de su reinserción. Pero Casteras se benefició del sistema buenista, y ahora hay que sumar al historia el asesinato de otra persona.
El mejor ejemplo para ver hasta qué punto el buenismo impregna todos los rincones del sistema en Cataluña es el reportaje sobre Casteras en el diario Ara. En 'Volver a vivir después de la prisión' humanizaban a este delincuente, que aseguraba que solo quería vivir tranquilo. El crimen de una mujer en Lérida obliga a revisar protocolos, pero también a abrir un debate social sobre la reinserción de algunos reos.
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