
Aliança Catalana denuncia una agresión a un militante y acoso a una de sus paradas
Se trata de otro ataque de la izquierda radical al partido de Sílvia Orriols
La formación de Silvia Orriols ha tenido un fin de semana repleto de incidentes. El viernes pasado, una de las caras visibles del partido, Anthony Sànchez, fue atacado en las fiestas de Sabadell. Mientras que el sábado, la carpa de AC, fue atacada por parte de ciertos sectores de la izquierda en Cardedeu.

Anthony Sànchez, figura mediática de Aliança Catalana, no es la primera vez que sufre ataques durante las fiestas de Sabadell. Las agresiones, en ambos casos, y tal como denuncia el propio Anthony, fueron obra de la CUP. En un video que subió a X, explicó como habían sido los propios agresores los que habrían ido a increparle sin provocación previa, y cuando sacó el móvil para documentarlo, le rasgaron la camiseta.
Cardedeu, la última de una larga lista de carpas de AC que han sido boicoteadas por sectores de la CUP. En este caso, según denuncian militantes de Aliança Catalana, unos 50 militantes, autodenominados antifascistas, interrumpieron la pacífica jornada informativa que realizaban. Tuvo que intervenir los Mossos d'Esquadra para evitar que los manifestantes actuarán de manera más violenta.
Crece la violencia política en Cataluña
La CUP se presenta como la gran paladina del antifascismo. Pero semana tras semana, sus simpatizantes son protagonistas de agresiones físicas y ataques a las actividades de otros partidos. Desde empujones en manifestaciones hasta intentos de reventar paradas informativas, su historial demuestra que la violencia no es un accidente: es su herramienta habitual.
Los episodios recientes en Sabadell y Cardedeu dejan claro que el discurso pacifista es solo un envoltorio. El caso más evidente ocurrió en enero de 2025, cuando militantes de Arran, la organización juvenil vinculada a la CUP, atacaron una carpa informativa de Aliança Catalana en Les Corts, Barcelona.
Un simpatizante fue derribado y sufrió una caída que requirió atención médica. Lo más sorprendente no fue solo la violencia, sino la actitud posterior. La CUP no solo justificó el ataque, sino que lo celebró, asegurando que "cuando nos organizamos somos imparables".

Este episodio es solo uno de muchos. Mientras proclaman ser defensores de la democracia y la libertad de expresión, sus acciones muestran todo lo contrario: recurren a la intimidación y la agresión para imponer su ideología. La contradicción es brutal, los llamados demócratas y adalides de la libertad de opinión, son los primeros en recurrir a la violencia física.
La repetición constante de agresiones de la CUP y la falta de sanciones claras generan un caldo de cultivo para que los incidentes se sigan multiplicando. Cuando los agresores saben que pueden actuar sin consecuencias, la intimidación se convierte en la norma y no en la excepción. Cada ataque frustrado, cada carpa derribada, fortalece la sensación de impunidad y anima a que otros sectores de la izquierda imiten sus métodos.
La impunidad con la que actúa la CUP demuestra que la violencia política se ha normalizado en Cataluña. Mientras los Mossos intervienen, militantes y ciudadanos quedan expuestos a agresiones y amenazas. Si no hay consecuencias reales, cada fin de semana se repetirá la misma historia de acoso y caos.
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