
La última bala de Junts
La ejecutiva de Junts se reúne en Perpiñán en medio de la incertidumbre total sobre su relación con el Gobierno de Pedro Sánchez
Nadie es capaz de anticipar qué decidirá hoy, en Perpiñán, la ejecutiva de Junts. Ni los que más poder atesoran, los que están más cerca de Carles Puigdemont, se atreven a vaticinar si las cosas que debían pasar en otoño, la canción que hemos escuchado en cada declaración del presidente en el exilio en los últimos meses, pasarán hoy. Nadie sabe nada. Ni el mismo Puigdemont, que quiere una cosa por su beneficio personal, pero sabe que se juega mucho políticamente según lo que haga.
Hace demasiado tiempo, casi un año, que Junts amenaza casi a diario con romper el acuerdo de legislatura firmado entre Jordi Turull y Santos Cerdán, a finales del año 2023, en Bruselas. Muchos ultimátums en todo este tiempo que ninguno se ha materializado. Por eso, con Aliança pisándoles los talones, convirtiendo en una realidad impensable hace tan solo tres años que Junts y ERC pudieran perder la hegemonía independentista, Junts no se la puede jugar más.

Dios me libre de tener que pensar qué es lo mejor para Junts ahora mismo. Ni soy capaz de pronosticarlo ni me atrevería a recomendar, a ninguno de los militantes que deberán votar en la consulta interna, lo que deberían hacer. Somos muchos los que deseamos el fin del gobierno de Pedro Sánchez, eso es evidente, pero muchos de los que aspiramos a eso nunca bendijimos el acuerdo firmado en Bruselas, conscientes, a diferencia de Puigdemont, de que Sánchez no cumpliría prácticamente nada.
La decisión que tome Junts hoy o en los próximos días —que en esto de hacer las cosas en diferido, de dar unos días más de margen o de prórroga, los herederos de Convergència son especialistas— posiblemente será la más importante que tendrá que tomar la formación fundada por Puigdemont en su corta vida. No tanto por lo que puede suponer romper con Sánchez, como por lo que puede suponer no hacerlo. Y las consecuencias en el ámbito autonómico y municipal que puede tener en las urnas.
Moncloa, por mucho que Pedro Sánchez haya presumido de haber cumplido todo lo que había acordado con Junts, no ha hecho el trabajo. Por eso, en estas últimas horas, los hemos visto pisar el acelerador, demostrando que hasta ahora no habían hecho todo lo que estaba en sus manos para no suspender. Como el alumno que lo deja todo para el último minuto, suspende y tiene que ir a recuperación.

Veremos si este esfuerzo contrarreloj de los socialistas sirve para algo o si, por el contrario, llega demasiado tarde. En Junts hay opiniones de todos los colores, aunque proliferan las que consideran que ya hay poco que hacer. Pero, en un partido que ha pasado de la verticalidad de Jordi Pujol y Artur Mas al asamblearismo —a veces, como en estas ocasiones, para camuflar en la voluntad popular una decisión compleja—, las bases tendrán la última palabra, que puede agravar la fractura interna ya existente.
Junts, hoy, se juega mucho. Me atrevería a decir que se juega la supervivencia como proyecto político. De la credibilidad que sean capaces de demostrar, después de tantos coitus interruptus, dependerá en gran medida su pugna con Aliança Catalana por liderar la hegemonía del independentismo más puro y verdadero. Al final todo va de eso, aunque por el camino nos juguemos mucho más, entre otras cosas, la democracia.
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