
Trump vs. inflación: entendiendo la nueva economía que viene
La inflación deja de ser un simple indicador económico para convertirse en el síntoma visible de un modelo en decadencia

La teoría económica clásica nos vende la inflación como una parte necesaria del proceso económico y la deflación (el escenario opuesto, en el que los precios bajan) como una calamidad que hay que evitar. Literalmente nos han convencido de que si las cosas bajan de precio eso es malo. ¿Cómo defienden su tesis? Una deflación detendría el consumo: si sé que la casa estará más barata el mes que viene, no la compro ahora. Esto es un sofisma y una basura, pero al menos sirve para que la población no discuta un escenario en el que el acceso a bienes y servicios es cada día más difícil por el alza continua de los precios.
En el mundo posterior al patrón oro, la inflación lo ha devorado todo. El precio de la vivienda se triplica cada generación mientras los sindicatos pactan aumentos relativos al IPC, que igual mide las montañas de Marte, pero la inflación real no la mide ni la ha medido jamás. El fin del patrón oro puso en marcha las máquinas de imprimir billetes: la oferta monetaria, es decir, el número de dólares en circulación se ha multiplicado por 37 desde entonces. Es decir, cada dólar vale 37 veces menos, puede comprar 37 veces menos bienes y servicios.

Este camino de constante inundación de liquidez y depauperación de la clase trabajadora, claro, lleva al colapso. Como que el dinero ya no se genera por la aparición de nuevo oro que lo respalde, sino que la hace en forma de crédito, sucede que por motivos puramente aritméticos la deuda aumenta sin control. Los bancos crean (literalmente crean) el dinero al prestarlo, pero lo prestan con interés. Ponen 100 dólares en circulación, pero solo pueden hacerlo creándolos con interés, porque quieren que les devuelvan 104 (si los intereses están al 4%). Es decir, cada 100 dólares que comienzan a circular generan 104 de deuda. Esto lleva a la situación actual en que no hay dólares en el planeta suficientes para pagar la deuda, que siempre es nominalmente mayor. Si el planeta parece y dijera: un momento, vamos a dedicar todo el dinero que existe para pagar la deuda, ni siquiera eso bastaría.
Entonces llega Trump con una fórmula mágica, llamada la legislación MICA, con la que va a limpiar la deuda americana, manteniendo políticas expansivas de liquidez y venciendo la inflación al mismo tiempo. El ministro de economía ruso Reshetnikov declaró hace un mes su escándalo ante la forma en que Trump diluirá la deuda en stablecoins (tokens crypto no fluctuantes ligados al precio del dólar) y se irá de rositas.

Aquí hay cuestiones filosóficas de fondo, pero la maniobra de Trump no tiene precedentes y supone un cambio de igual potencia al abandono por parte de Nixon del patrón oro. Seguiremos imprimiendo dólares como si no hubiera un mañana, pero ahora en el espacio crypto. Entonces allí se provocará la inflación, no en el mundo real. ¿Por qué son esto buenas noticias? Porque allí donde hay inundación de liquidez hay inflación, es decir, alza de precios. En el mundo real suben los precios de lo que hay en el mundo real: la gasolina, el aceite, las casas. Y eso son malas noticias.
Pero en el espacio crypto sube de precio lo que allí hay: assets digitales al acceso de cualquiera que tenga un teléfono móvil y ganas de recuperar la soberanía económica. Si lo que va a subir de precio son assets como Bitcoin, Ethereum, Solana, Xrp y demás… lo que sucederá es que mucha gente se hará millonaria. Al llevar la liquidez a un mundo que funciona a la inversa, se invierten los efectos de la inflación, que en vez de empobrecer a la gente la hace rica. Él mismo comenzó su mandato emitiendo su propia cryptomoneda, seguramente por consejo de Elon Musk.
Nace un nuevo paradigma económico, querido lector. Quien no entienda el tipo de cambio que estamos viviendo pagará un precio muy caro por su desatención.
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