Retrato en blanco y negro de Albert Einstein con expresión seria en primer plano con un fondo rosa y una imagen de estudiantes escribiendo en un aula.
OPINIÓN

Si Einstein pusiera un pie en una aula de secundaria

Una cita falsa de Einstein difundida por el Ministerio de Educación pone en evidencia las carencias del sistema y su confusión sobre qué es educar

Si Einstein pusiera un pie en un aula de secundaria, quizá saldría antes del primer timbre. No por la física, sino por la paradoja: un sistema educativo que cita falsamente a Einstein para parecer sabio. Esta semana, el Ministerio de Educación, en un ejercicio extremo de creatividad, ha publicado un tuit en el que atribuía al físico alemán la frase: “La educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela”.

El problema no es la cita —que Einstein nunca dijo—, sino el hecho de que todo un Ministerio de Educación exhiba con orgullo una falta de rigor intelectual (han pasado varios días y aún no han borrado la publicación). Pero, dejando de lado la anécdota, esta máxima aparentemente inofensiva dice mucho más de lo que parece.

Retrato en blanco y negro de Albert Einstein con cabello despeinado y bigote mirando al frente.

Para empezar, habría que revisar qué entendemos por “educación”. Según la Real Academia Española (RAE), educación es la “acción y efecto de educar”, y también, en su segunda acepción, “cortesía, urbanidad”. Es decir, no solo instrucción, sino también modales, trato y respeto: lo que hoy reivindicamos como orden. En el debate sobre si en el aula se debe enseñar o educar, hace tiempo que la segunda opción se considera prioritaria. Las normas básicas, los modales y la disciplina parecen haber pasado a mejor vida. Quizá convendría que esas cosas tan corrientes volvieran a ser reivindicadas como tarea doméstica. No os alarméis, no hablo de poner deberes, sino de asumir responsabilidades familiares.

El mensaje global de la cita es una frivolidad absoluta. Si la educación es lo que queda después de olvidar la escuela, significa que la escuela no sirve para nada. Es una manera elegante de despreciar la labor docente. Detrás de ese discurso se esconde la misma idea que impregna muchas políticas educativas actuales: el aprendizaje como experiencia efímera, el esfuerzo como enemigo de la creatividad y la memorización como práctica medieval. Total, todo está en Google.

Estudiantes sentados en un salón de clases observan al profesor mientras en el centro de la imagen aparece una barra de búsqueda de Google y dos íconos de signos de interrogación.

Está claro que no tiene sentido basarlo todo en la memoria mecánica. Pero negar su importancia es contradecir el fundamento mismo del aprendizaje. Sin memoria no sabríamos leer, escribir, contar ni calcular; sin repetición no se interioriza. Curiosamente, recomendamos ejercicios de memoria a las personas mayores como estimulación cognitiva, pero queremos convencer a los jóvenes de que recordar es inútil. Paradojas de la pedagogía moderna.

Yendo un poco más allá, la frase en cuestión, que parece querer decir mucho, pero que, en esencia, no dice nada, termina siendo una metáfora involuntaria del panorama educativo. Un buen ejemplo de ello es la tendencia a diluir las especializaciones y sustituirlas por ámbitos. Y no, esa idea no nace por generación espontánea: es un parche más para tapar la falta de profesorado en determinadas materias, especialmente las científicas.

Porque seamos sinceros: cuando tienes una alternativa laboral digna y coherente, ni se te ocurre poner un pie en el aula. Quizá eso sí que lo habría podido predecir Einstein

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