
Ada Colau otra vez: la turra infinita
El regreso de la exalcaldesa promete una nueva temporada de gestos, discursos y enfrentamientos que rozan la sátira involuntaria del progresismo municipal

Se han validado los peores pronósticos, confirmando aquello de que un pesimista es un optimista bien informado: Ada Colau tiene pensado presentarse de nuevo a la alcaldía de BCN. Pero si ya sobrevivimos antes en dos ocasiones, podemos sobrevivir a la amenaza. Examinemos la situación.
En primer lugar, hay que admirar el modo en que Ada Colau se ha repuesto después de sufrir lo que Lucía Muñoz denominó “torturas de baja intensidad” por parte de las IDF después de la captura de la Flotilla Dropo: literalmente estar sentados en el suelo o beber agua del grifo. Solo faltó que los soldados israelís les hicieran cosquillas sin avisar o les obligaran a ver las precuelas de Star Wars.

En cualquier caso, Ada Colau sobrevivió y, como muchos profetizamos, se está dedicando a aparecer dando entrevistas por todas partes hablando de sí misma en términos elogiosos ad nauseam. En una de sus últimas comparecencias, ebria de dignidad, decía ante los que se burlaban de sus aventuras marineras, la pregunta era: “y tú, ¿qué hacías mientras todo esto sucedía?”. Trabajar, querida Ada, lo que hacíamos los demás era trabajar mientras tú y tus colegas fumabas marihuana suficiente como para poner a bailar al monstruo del Lago Ness.
En segundo lugar (esto son buenas noticias), Colau tendrá que disputar la candidatura en las primarias al insigne Bob Pop, en una contienda que promete momentos gloriosos. Teniendo en cuenta que si sumamos la capacidad intelectual de estas dos luminarias llegamos más o menos al nivel de una licuadora de frutas, los disparates pueden ser divertidísimos.

El mundo de los Comuns ni es izquierda ni es mundo ni es nada, sino un pozo de cretinismo y cursilería sin remedio posible. Tendrá que llorar mucho Bob Pop para hacer frente a la Capitana Hamás, que más o menos después de Navidades empezará a sollozar por los huérfanos del Congo, por el cambio climático, por los gays de la jungla de Borneo y por la participación de Israel en Eurovisión. Un ser humano corre el riesgo de deshidratarse si intenta competir con Colau en cuestiones de lloros, pero Bob Pop es tan excepcional en tantos sentidos, que quizás pueda ser un digno adversario de la Llorona del Milenio.
Los temas ideológicos, por supuesto, en todo esto no tienen la menor importancia. Los Comuns no son un colectivo que defienda ninguna propuesta política, sino un grupo humano abandonado a la deriva en los infectos pantanos del progresismo. Todo lo que hacen es manotear para que no se los coman los mosquitos: la traducción a la práctica política es apostar por todo lo que degrade la convivencia. Manteros, okupas rabiosos, violadores sueltos, islamistas asesinos, señores con peluca, lo que sea. Y llorar, llorar mucho.
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