
A Rufián le preocupa la seguridad
El repentino despertar de Rufián aparece justo ahora, cuando la realidad insiste en desmontarle el relato que tanto ha cultivado

Mucho se ha comentado la última intervención de Gabriel Rufián en el Congreso de los Diputados del malvado estado opresor, el estado que le oprime de manera insoportable pagándole sueldos de seis cifras. Como si hubiera despertado de un extraño letargo, Rufián dijo que “había que hablar de seguridad” y que “hay obligaciones, pero también derechos, te llames Javier o Ibrahim”.
¿Cómo puede alguien estar tan equivocado? Tomemos como ejemplo un caso reciente, acaecido en Vallecas, en el que un magrebí la emprendió a machetazos con la policía al grito de “Allahu Akbar”. En primer lugar, agredir a la policía es de primero de progresismo, por tanto, que no nos venga Rufián ahora hablando de la seguridad en los barrios. En segundo lugar, jamás hay que caer en la islamofobia, puesto que es sabido que el resto de religiones tienen su habitual carga cotidiana de violencia callejera: es normal ver a grupos de budistas asaltando a turistas mientras recitan algún Sutra, o a los monjes de Poblet repartiendo bofetadas por las afueras, entrada la noche, mientras van cantando el Veni Creator. Luego está el factor del cambio climático, que fuerza a la gente a delinquir, al combinarse con el hetero patriarcado, la tauromaquia y el novio de Ayuso.

¿Qué es eso de no querer que te apuñalen, no querer que violen a tus hijas o no querer que okupen tu vivienda? Señor Rufián, eso es fascismo, y con el fascismo no se discute. ¿Qué es eso de alentar discursos de odio tan repugnantes como el de toda esa gente que critica que las mujeres, en el Islam, sufran latigazos y lapidaciones o que a los gays se les ahorque en grúas a la vista de todos? ¿Qué será lo próximo, criticar los atentados de la Rambla o de Bataclán? ¿Llegaremos incluso a oír voces contrarias a la matanza del 7 de octubre?
Ahora mismo, lo más indicado sería embarcar a Rufián en alguna flotilla rumbo a Nigeria, donde pudiera unirse a la heroica lucha de las milicias islámicas contra los civiles cristianos. Viendo la degollina, la masacre, la barbarie, volvería a reconectar con su progresismo, que parece un tanto oxidado. Podría ir acompañado de unas cuantas mujeres con pene y del mismísimo Bob Pop y así aumentar la diversidad de la expedición. Serían muy bien recibidos.

A la vuelta podrían crear un Observatorio sobre Multiculturalidad y Ejecuciones en Masa en nombre de Alá, porque sin una docena de observatorios para cada tema es imposible que las políticas progresistas tengan arraigo suficiente. Sería magnífica también la creación de un Observatorio de las Finanzas de Gabriel Rufián, ejemplo colosal de empoderamiento por la vía clásica de dedicarse, con la mayor naturalidad y sencillez, a acumular dinero en cantidades babilónicas.
No, estimado Gabriel, no hay que hacer espacio a los discursos xenófobos y excluyentes. Hay que insistir en el progresismo cuatro o cinco legislaturas más y luego comprarse un par de Lamborghinis.
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