
La Paqui
La rutina de compras, viajes y alta vida de la esposa de Cerdán contrasta ahora con un futuro incierto mientras avanza la investigación judicial
Francisca Muñoz, más conocida como ‘la Paqui’ por sus amigos o como ‘la andaluza’ por sus vecinos de Milagro, un pequeño pueblo de Navarra, es el vivo ejemplo de la lucha de clases. De cómo es posible ascender en el ascensor social sin dar palo al agua —más teniendo en cuenta que, por una lesión en el pie, era pensionista desde hace varios años—.
La Paqui ha dejado de frecuentar las plantas 1 y 3 de El Corte Inglés de Princesa de Madrid, visita casi imprescindible a diario, para convertirse en una habitual del penal madrileño de Soto del Real hasta este miércoles —aunque tendrá que volver—. El encarcelamiento de su marido, el extodopoderoso socialista Santos Cerdán, le ha obligado a dejar su lujoso ático en la sexta planta del número 32 de la calle Hilarión Eslava de la capital para volver a su vivienda unifamiliar de Milagro, donde no hay El Corte Inglés, en la que ahora pasará mucho tiempo con su marido a la espera del juicio que pruebe su culpabilidad o no en el amaño de contratos públicos.

La esposa de Cerdán, que dejó la localidad sevillana de Los Corrales ya hace unas décadas, encontró en Navarra el amor. Y ya saben que el amor, y una tarjeta de crédito a tu nombre, pero que paga otro, lo pueden todo. Fue la Paqui, según su entorno más cercano, la que presionó a su marido para buscarse un hueco en la política madrileña durante años. Cuando lo logró, en 2017, no dudó ni un minuto en hacer las maletas y trasladarse a la gran ciudad. Era su sueño, y por fin se iba a codear con las altas esferas.
De la Paqui, como de su marido, decían todos los que la querían y los socialistas que era una mujer discreta, austera, que apenas salía de casa. El último informe de la UCO nos ha demostrado que la realidad era bien distinta y que se parecía más a lo que algunos veníamos contando desde hace muchos meses. De dónde no salía la Paqui era de El Corte Inglés de Princesa, donde, según el socio de Cerdán la conocían todas las vendedoras, ni de los muchos restaurantes que frecuentaban cada fin de semana con su esposo o los múltiples viajes a Málaga, Tenerife o Ibiza que se abonaron con la tarjeta de Servinabar.
Con ella jubilada y Santos Cerdán desempleado, a menos que vuelva a la planta de Bonduelle en su municipio natal, de la que no recuerdan muy buen recuerdo de su tiempo como encargado de uno de los turnos, tendrán tiempo para volver a viajar por España. Pero esta vez se lo tendrán que pagar de su bolsillo…
Francisca Muñoz, alias ‘la Paqui’ o ‘la andaluza’, a la que estoy seguro de que el juez tendrá a bien de citar para que dé explicaciones de como se gastaba un dinero que no era suyo, sino que procedía de mordidas que lograba su marido, es la radiografía de una España cañí que todavía no ha desaparecido ni creo que vaya a desaparecer. La de aquellos que parecen tontos, pero que son más listos que un niño con altas capacidades. Que pasan de no ser nadie a creerse la mismísima reina de un día para otro. Y luego pasa lo que pasa…
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