Carles Puigdemont vestido de traje hablando frente a un micrófono junto a un mazo de juez apoyado sobre un libro abierto sobre fondo rosa.
OPINIÓN

Puigdemont y el Constitucional

La apuesta por Sánchez vuelve a pasar factura y el relato heroico se queda sin aire ante el mismo Estado

Imagen del Blog de Octavio Cortés

Decidió esta semana el Tribunal Constitucional mantener la orden de detención contra Carles Puigdemont en territorio español, por cuestiones jurídicas que tienen que ver con el encaje del delito de malversación en la famosa ley de amnistía. Ni siquiera fue cuestión controvertida: de los once jueces que participaron, diez se pronunciaron a favor de mantener la orden de detención.

En redes sociales, hace tiempo que cuajó un meme muy difícil de traducir: “You’ve been psoed”. Una traducción más o menos aproximada sería: el PSOE te la ha vuelto a jugar, pero se pierde la violencia burlona del falso participio inglés. En cualquier caso, esta es exactamente la situación.

La corte de los horrores de Waterloo decidió poner su destino en manos del PSOE de Pedro Sánchez. Nadie les obligó a ello. Fue su decisión y de ella han venido colgando la política catalana y la española desde entonces. Por supuesto, los resultados han sido los esperados, en forma de estafa brutal. ¿La culpa es del mentiroso o de quien confía en el mentiroso conociendo perfectamente los antecedentes? Puigdemont y toda su corte partaliana no tienen el menor derecho a quejarse.

Es lógico que Carles Puigdemont intente evitar la prisión. Pero lo lógico y lo ético no siempre coinciden. También es lógico que intente seguir teniendo relevancia política. Pero lo lógico y lo posible a medio plazo no siempre coinciden. Lo que es seguro es que su intento por mantener al mismo tiempo la libertad y la relevancia están conduciendo a Cataluña y a España al abismo, en medio de una ordalía constante de falsedades, discursos heroicos vacíos y fraudes obscenos a los votantes.

Hombre de cabello canoso y gafas con chaqueta azul y camisa clara señalando con ambas manos frente a un fondo blanco

Recordemos que Puigdemont de vez en cuando publica videos en las redes sociales a los que él mismo denomina “mensaje institucional”, llegando a niveles de ridículo que primero provocaban vergüenza, luego compasión y ahora ya total y despiadada indiferencia. El entramado institucional que él repudia en sus discursos de después de comer es el mismo que mantiene a sueldo a su señora esposa en un canal de televisión que nunca, jamás, en ningún caso, ha tenido más de una docena de espectadores. Todos sus compañeros cobran sueldos formidables a cargo del malvado estado opresor, incluyendo hitos como la inenarrable colocación de Mikimoto en RTVE.

Siempre habrá puigbelievers, siempre habrá un porcentaje de población alienada que siga comprando el relato de Vilaweb y del dúo romántico Borrás & Dalmases, que siga informándose a través del 324.cat o que siga comprando camisetas de la ANC. Los demás hemos aprendido a ver a esa decreciente minoría como un fondo cómico, abandonado a la histeria senil y las performances de barriada. Apostaron una y otra vez al caballo equivocado: que no culpen a nadie de su ruina.

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