
Un pesebre sin ángel
Mateo y Lucas sitúan el parto en Belén, pero sus rutas, censos y tiempos chocan con la historia conocida
Sabemos por las amistades del nazareno que todos ellos fueron de la provincia de Galilea, una región muy singular cuyos habitantes no hablaban ni el hebreo de sus vecinos en Judea, ni el latín de sus invasores romanos. Los galileos conversaban entre ellos en una lengua propia e independiente llamada arameo. Por eso, durante las lecturas de las Escrituras hebreas en la sinagoga un traductor parafraseaba el texto en arameo. De hecho, los galileos pronunciaban de forma totalmente distinta las palabras con respecto a sus hermanos hebreos. Tenían grandes dificultades para distinguir los sonidos guturales, un hecho que explicaba que llamaran a Jesús como Yeshú y no en su forma hebrea Yeshua.
Pero olvidando estos asuntos lingüísticos, y volviendo al lugar del nacimiento, vemos que los evangelios de Lucas y Mateo asignan la localidad de Belén como lugar del parto. Este hecho coincidía con lo que debía cumplirse en las profecías de Miqueas. Para muchos creyentes en el Mashíah, el ungido o Mesías, Belén debía ser el cubículo natal del enviado de Dios, pero esta población estaba a unos 200 quilómetros de la galilea de Jesús, familia y discípulos. Lo más lógico es suponer que durante la redacción de los evangelios, como veremos sin testimonios vivos del nazareno, se ajustaron los hechos para que todo cuadrara en Belén.

En ello cada evangelio cuenta su cuento. Mateo dice que Jesús fue un hijo no engendrado por José y que este optó por huir a escondidas con María. Esta, preñada de meses, anduvo aquellos 200 kilómetros para salvar la virtud ante la ortodoxia judía. En aquellos tiempos, y bajo las costumbres judías, se firmaba la ketubá o acuerdo matrimonial. Tras el pacto, los nuevos esposos no iniciaban la convivencia marital, al menos así ocurría en las zonas rurales. Durante aquel tiempo de espera, y lejos de las ciudades, como fue el caso de la familia de Jesús, el hombre preparaba el nuevo hogar. Pasado un año se celebraban las nupcias oficiales y la mujer era introducida en casa del marido.
Por tanto, y según Mateo, María y José todavía no estaban casados, solo comprometidos y residentes en Belén desde siempre, algo que no encaja con la versión de Lucas. Este, y quizás desconociendo la ketubá, dijo que la familia residía en Nazaret, y que anduvieron la gran distancia entre Galilea y Belén para asistir al censo de César Augusto, un censo que probablemente no sucedió al nacer Jesús, entre el 8 y el 4 a. C. Quizás Lucas hizo referencia al censo judío, y no romano, decretado por Herodes el 7 o el 6 a. C. De todas formas, en un censo no era requerida la presencia de toda la familia, y ni mucho menos de la esposa, con el marido bastaba.
La versión de Lucas con una María a punto de dar a luz por un itinerario que duraba cuatro días de caminos angostos, montañosos y plagados de bandoleros, es muy paradójico con la geografía y los censos históricos. Quizás por ello el propio Juan Pablo II destacó que no existía certeza que Jesús hubiera nacido en Belén. Lo más aceptado por muchos exegetas es que Jesús nació en Galilea, y seguramente en la población de Nazaret.
En Marcos y Lucas se menciona que Jesús vivió y creció en esta aldea. Tal villorrio fue una diminuta población de agricultores y pastores donde se estima que vivieron unos 300 habitantes. El lugar era tan insignificante que no constaba en ningún escrito ni mapa romano hasta pasado el siglo II d. C. Flavio Josefo, historiador judío del siglo I, cita 45 pueblos en Galilea, pero no menciona Nazaret, y en el Talmud, que menciona 65 poblaciones, tampoco se registra Nazaret.

Según las excavaciones arqueológicas realizadas, Nazaret fue una efímera villa sin edificaciones importantes ni grandes obras públicas. A menudo los evangelios describen Nazaret como una villa de gran actividad e infraestructuras, algo exagerado por los evangelistas. Veremos más adelante que los evangelistas no fueron galileos, y que, por lo tanto, redactaron los hechos a oídas de tradiciones orales diversas y sin conocer apenas Israel. De hecho, los evangelios se redactaron pasadas décadas después de la muerte del nazareno.
Así se explica que una vez querían tirar por un desfiladero a Jesús, pero en Nazaret no existe ningún acantilado. También Lucas cita una importante sinagoga en Nazaret, pero esta población era un nimio emplazamiento agrícola sin grandes construcciones en el siglo I. Añadamos a todo lo anterior que en el actual Nazaret no se han hallado grandes ruinas más allá del siglo II a. C., a excepción de algunas prospecciones al este de la ciudad en donde se excavaron unas terrazas de cultivo, un lagar excavado y una torre redonda que podrían datar del siglo I. De todas formas, no tenemos constancia de grandes viviendas y calles en tiempos de Jesús.
En definitiva, cuando nació el nazareno parece que Nazaret no era importante ni citada por los cronistas, solo era una mera aldea sin relevancia. De todas formas, los evangelistas la ensalzan demasiado para justificar el origen del nazareno, algo que implicaría el amago de algo y que quizás no fue este el lugar natal y real de Jesús.
Visto lo anterior, ¿cómo se explica entonces el gentilicio de nazareno en Jesús? Pues en ello los evangelios no se ponen de acuerdo y en solo dos ocasiones llaman al galileo de Nazaret (Marcos 1,9 y Hechos 10,38), mientras que en la mayoría de las ocasiones le dan el apodo de nazoraîos, palabra hebrea de etimología incierta que podría traducirse como el nazareo. En arameo, el idioma de Jesús y acólitos, la ambigüedad entre de Nazaret o el nazareo no podría darse, ya que proceden de palabras muy distintas. Cabe indicar aquí que los evangelios fueron escritos originalmente en griego con algunas palabras sueltas en hebreo y arameo. Por tanto, y si en arameo no puede haber confusión entre de Nazaret y nazareo, es que simplemente los evangelistas se confundieron errando la traducción al griego desde la tradición oral aramea.

Pero hay dos explicaciones más que nos niegan el gentilicio y nos avalan el apodo del nazareo. La primera que Jesús hubiera hecho un voto a Yahvé y la segunda un apelativo personal de sus discípulos.
La primera explicación nos dice que Jesús quizás acogió el voto de nazir para comprometerse como un nazireato, personajes que practicaban una consagración temporal o perpetua con Yahvé absteniéndose de beber alcohol y practicar el sexo entre otras promesas. De hecho, y mucho antes de Jesús, ya existía esta secta que era creyente en la existencia de un salvador divino. Esta deidad, de trasfondo griego, debía ser un mesías sufridor que moriría por los pecados de todos para luego resucitar.
La segunda hipótesis es que lo de nazareo fuera un renombre que significara el vástago o el retoño de David, el consagrado, el Mesías. Si fuera así vendría de la palabra hebrea nétzer y Jesús fue llamado el nazir. Por ejemplo, y en el tratado tercero del códice II de Nag Hammadi, se conserva en versión copta el Evangelio de Felipe. En este se cuenta que los discípulos llamaban a Jesús el nazareo sin darle a tal palabra significado gentilicio alguno, todo lo contrario, era un renombre, un apodo.
Además, en Mateo 4, 13 y Lucas 4, 16 se usa el vocablo nazará al referirse a Jesús, vocablo que significaba verdad. Añadiendo que el nombre de Jesús (Yeshoshuá) significa Yahvé salva, y nazará el verdadero, o nazir el consagrado, la combinación de ambos y utilizada por sus discípulos, es muy lógica, el salvador verdadero o bendecido, el Mesías.

En resumen, tanto la primera explicación, lo de nazareno como voto, como la segunda, como un renombre entre sus discípulos, reflejan más un apodo que un gentilicio. Muy probablemente lo de Nazaret fuera un añadido tardío bajo el error de traducción en los escritos griegos. Cabe explicar aquí, y según muchos exegetas, que los evangelistas se basaron en una serie de colecciones de dichos, parábolas y hechos del nazareno que se hallan perdidas en la actualidad. Probablemente, estas corrían entre las primeras comunidades nazarenas antes del 50 d.C. Estos supuestos escritos son los llamados textos Q, inicial del término alemán quelle que significa fuente. Con tanta falta de datos escritos durante la vida de Jesús, y la falta de testimonios directos durante la misma, los evangelistas tuvieron que rellenar los vacíos con tradiciones, elaboraciones e invenciones.
Pero volvamos al tema de este capítulo, ¿qué podemos afirmar finalmente del origen geográfico de Jesús? Pues que suponemos que su infancia, y dadas sus principales amistades, transcurrió en algún pueblo de Galilea; que el lugar de su nacimiento no fue Belén, pero que no lo sabemos con certeza; y que lo de nazareno fue probablemente un renombre o apelativo, no un gentilicio.
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