
Navidad en Progrelandia
Un belén reescrito como manifiesto: víctimas, opresión, ecología militante y la Navidad convertida en consigna

Víctimas de la exclusión residencial y del turismo que satura la oferta hotelera, es decir, víctimas del capitalismo (que pone en manos de los propietarios la gestión de sus propiedades, cosa malvada) una familia opta por el animalismo radical y pasa la noche en un establo con un buey y una mula. La mujer, harta de la violencia obstétrica de los hospitales infectados de machismo opresor, decide dar a luz a su criatura en el pesebre, pero lo hace en mitad de la noche para ahorrar en la factura eléctrica y no contribuir al cambio climático.
En un ejemplo de gestión comunitaria y empoderamiento rural, los pastores de la zona acuden con regalos al portal, rechazando el consumismo de las grandes superficies comerciales y optando por productos de proximidad.

Todos ellos son judíos, es verdad, pero en cuanto son amenazados por el rey de turno confirman sus valores republicanos huyendo a Egipto, que todavía no es musulmán, es cierto, pero al menos no es judío. Víctimas de persecución política, frecuentan asambleas y asociaciones y se arman de valor para retornar a su país y se establecen en Nazaret para trabajar en la gestión de productos forestales, es decir, para trabajar la madera, es decir, para ganarse la vida con una carpintería.
¡Héroes del progreso, campeones del antifascismo! Les tocó vivir los años más duros del sionismo, en los que el pueblo de Israel ocupaba las tierras de Israel. De hecho, Israel llevaba más de 10 siglos viviendo en Israel, de forma maligna y antinatural. Que los chinos vivieran en China, o los indios en la India, eso puede entenderse, porque al fin y al cabo no eran culturas occidentales y ya se sabe que todo lo occidental debe ser repudiado. Pero lo inadmisible es que Israel haya estado en Israel durante siglos, sin ser expulsados de ningún festival musical.

Desde entonces, una colección de canciones populares ensalza aquella gesta de feminismo interseccional y multiculturalidad inclusiva. En el “Fum, fum, fum”, por ejemplo, se elogia la gestión natural de la biomasa por las clases populares; en “Los peces en el río” se reflejan temas de regeneración fluvial y la necesidad de hidratarse de manera ecoresiliente; en “Campana sobre campana” se usa la imagen de la acumulación de campanas como metáfora de la acumulación gozosa de subvenciones, en curva de crecimiento exponencial, por parte del tejido asociativo anticapitalista.
Celebremos, pues, con todo el regocijo esta fiesta de la izquierda progresista según los cánones de la izquierda progresista, es decir, engullendo marisco como si no hubiera un mañana. ¡Feliz Navidad a todos, todas y todes!
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