
Las maravillas del burka
El debate del burka vuelve y nadie se atreve a decir en voz alta qué significa realmente para muchas mujeres

Qué bonito es el burka, qué liberador. Ayer pudimos escuchar, en la Cadena Ser, es decir, en los órganos oficiales del régimen, a una experta decir que “si se prohíbe el burka, muchas mujeres no podrán salir a la calle”. Este es el nivel argumentativo: si prohibimos los grilletes, los esclavos no podrán salir de la plantación.
El mismísimo Patxi López se refirió al tema con toda precaución y cautela, porque después de meditar el asunto en profundidad, dijo que “para algunos y algunas” el uso del burka es “expresión de la libertad religiosa”. Es exactamente al revés, es expresión de la esclavitud religiosa, pero ahí Patxi López ya no alcanza. Míriam Nogueras realizó una comparecencia muy difícil de analizar en la que justificó no votar a favor de la prohibición del burka. Hace tiempo que señalamos que el único mérito de esta señora es abrir mucho los ojos cuando habla. De alguna manera, esté hábito le está proporcionando una muy lucrativa carrera política.

Todo esto, por supuesto, coincide con la llegada del Ramadán, que la izquierda saluda con un entusiasmo lleno de luz y alegría. Ya vuelven a verse en redes sociales convocatorias para celebraciones comunitarias, con los logos de diferentes administraciones. El esquema general queda claro, la izquierda por fin ha encontrado un relato unificante: más Islam. ¿Crisis de vivienda? Más Islam. ¿Crisis de salarios o de natalidad? Más Islam. ¿Trenes que descarrilan, corrupción generalizada? Más Islam. A cualquiera que se oponga se le llama fascista y todos contentos.
Cuando Ábalos filmaba videos promocionales diciendo “soy feminista porque soy socialista”, creíamos haber alcanzado las cimas del despropósito. Ahora el feminismo institucional abraza el burka ya sin ningún complejo. Esto no son cuatro locas con un megáfono, aquí estamos sentando precedentes.

En nuestras calles, en nuestros barrios, las mujeres pueden ser tratadas como ganado, humilladas y esclavizadas sin ningún problema, contando con el apoyo entusiasta del progresismo gobernante. Si además enarbolan una bandera de Hamás, los esclavizadores de mujeres pueden incluso aspirar al premio Príncipe de Asturias de la Concordia.
La idea era que soportábamos todo esto porque al menos venían a pagarnos las pensiones, pero resulta que tenemos que trabajar como poco hasta los 67 años, porque el sistema es cada vez menos sostenible. No cuadra nada, nada en absoluto. Lo único seguro es que, para los años futuros, el progresismo ha anunciado su núcleo ideológico: más Islam y luego un poco más. En nombre del feminismo.
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