
Gana Milei, llora la izquierda
La contundente victoria de Javier Milei reabre el debate sobre el fracaso del intervencionismo estatal y la ceguera ideológica de la izquierda progresista

Rotunda victoria de Javier Milei y de La Libertad Avanza en los comicios del domingo. Estos van a ser días para degustar, con la merecida calma, los titulares de la prensa de izquierda intentando culpar de la derrota del peronismo a Trump, a Musk, al fascismo, al machismo o al arzobispo de Canterbury. Qué delicia, qué horas felices.
La izquierda postmoderna se caracteriza por vivir en una burbuja de auto confirmación donde sus conceptos estúpidos encajan a la perfección en un mundo de fantasía. No solo consideran fascista a quien les invita a salir de ese túnel de aislamiento racional, sino que de manera explícita consideran que la realidad misma es fascista. No hace tanto, en el constante debate sobre la inseguridad en las calles catalanas, voces de la izquierda señalaban que “los datos son fascistas”. ¿Qué es eso de simplemente leer las estadísticas sin el debido contexto de monsergas progres que todo lo envenenan?

Pues pasó lo mismo con el presidente rockero, el príncipe de la motosierra, nuestro amigo Milei. Capitalista, judío y amigo de Israel, compañero de andanzas de Trump, anti abortista, enemigo absoluto del feminismo, denunciador del estado orwelliano… Según los gurús del progresismo el “pueblo” iba a derrotar a Milei. Ahora dirán que en realidad ganó la “ultraderecha”, porque cuando ganan ellos gana el pueblo y cuando pierden ellos gana el fascismo.
En realidad, el movimiento de Milei consiste, antes que nada, en preguntarle a la gente si continúan teniendo ojos en la cara y un cerebro delante de las orejas. Porque una vez la gente entiende el nexo entre déficit público e inflación, no hay vuelta atrás. Ven decenas de millones, miles de millones dedicados a políticas de género o cambió climático o huelgas palestinas y ya no pueden soportarlo un minuto más, porque saben (la verdad os hará libres) que esa es la causa de que el aceite haya triplicado su precio en el supermercado. Entonces no es que quieran motosierra: quieren un ejército de gigantes con motosierras láser.

En última instancia, no lo olvidemos, Milei es un ultraliberal, es decir, alguien con poco bagaje ideológico para repensar lo comunitario. Pero la situación actual es tan horrible, que eso no importa. Lo primero es curar la herida, desinfectarla y mantener al paciente con vida. Para que nos hagamos una idea, en España se nos dice que funcionamos con un déficit público del 2,8% del PIB, unos 44.000 millones.
La realidad es mucho más oscura. El verdadero déficit no lo mide lo que el Estado gasta respecto de lo que el Estado presupuesta: hay que mirar cuanto se ingresa y cuánto se gasta y, sobre todo, de dónde provienen esos ingresos. El gasto público español en 2024 ascendió a 739.000 millones, datos oficiales. ¿De dónde proviene ese dinero que tan alegremente se gasta en idioteces y burocracia?
Hacienda recaudó el pasado año, marcando un récord de asfixia fiscal de la ciudadanía, 294000 millones, es decir el Estado solo ingresó por impuestos el 40% de lo que gasta. El resto se financia con deuda. Esto nos da la medida del tipo de motosierra colosal que aquí necesitaríamos. Sobra el 60% del gasto público si queremos vivir en un equilibrio saludable respecto de lo que ingresamos. El día que alguien haga en España la pedagogía que Milei ha hecho en Argentina, se lleva la mayoría absoluta en cinco minutos.
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