Carrito de compras sobre un teclado de computadora con una mano sosteniendo una tarjeta y una terminal de pago al fondo sobre un fondo rosa decorativo.
OPINIÓN

¿A dónde fue el poder adquisitivo?

Jeff Booth cuestiona la ortodoxia económica: la deflación es natural y la inflación un robo institucionalizado

Imagen del Blog de Octavio Cortés

El poder adquisitivo estaba por aquí, en alguna parte, y ahora de repente no lo encontramos. ¿Qué habrá sido de él? ¿Se hartó de nuestras mezquindades y se marchó a climas más soleados? ¿Se habrá esfumado como los amores de verano?

La teoría económica quiere, desde Adam Smith, presentarse como asunto y científico y riguroso, pero se parece mucho más al trinar de los pájaros o a los estribillos de un coro de borrachos. La mayor parte del tiempo, solo sirve para legitimar de manera vergonzosa las maldades del sistema actual, con ensaladas verbales acerca del crecimiento, la deuda, los salarios y demás fantasmagorías.

Persona de negocios dibujando gráficos financieros con una ilustración de un economista clásico, que es Adam Smith, enmarcada en un círculo rojo.

Por suerte (la misericordia del Altísimo es infinita) en los márgenes de lo académico seguimos teniendo a autores asilvestrados que lanzan sobre el rebaño sus flechas incendiarias. Hoy querríamos destacar a Jeff Booth, maestro del sabotaje intelectual, juglar de mil verdades.

La teoría más disruptiva y célebre de Booth es que cualquier mercado mínimamente funcional tiende de manera natural a la deflación. Para los economistas mainstream, la palabra “deflación” señala el hundimiento y la hecatombe, porque, ¿quién va a comprar cuando los precios bajan? Lo lógico sería esperar, puesto que todo estará más barato la semana que viene. Según estos señores, la deflación, en caso de darse, conllevaría la paralización del consumo.

Sin embargo, basta mirar las cosas con calma y naturalidad y ver que todo sucede exactamente al revés. Tomemos el mercado de la electrónica de consumo, donde la innovación y la competencia siguen siendo realmente salvajes.

Cualquier teléfono móvil de 200 euros reúne capacidades de un sinfín de aparatos que hace quince años eran cosas caras e independientes: un teléfono, una agenda digital, una cámara de fotos, otra de vídeos, un localizador GPS, un reproductor multimedia, un ordenador de bolsillo, etc. Un ordenador con 16 GB de RAM hace diez años era cosa excepcional y carísima, hoy se encuentran alrededor de los 500 euros y de aquí a poco serán cosas tan inservibles que los podremos conseguir por el precio de una cena.

Varios dispositivos electrónicos antiguos y un CD apuntan hacia un iPhone sobre billetes de euro, representando la evolución tecnológica.

Cuando el mercado funciona, la innovación y la competencia hacen que los precios bajen y tiendan a cero. Hoy 10 euros dan acceso, gracias a Spotify, a millones de canciones; en la época de los CD, pagábamos 20 euros por una docena de canciones.

La consecuencia de esta realidad es que la inflación es una creación artificial, no una característica natural del mercado. Donde hay inflación es que alguien está haciendo trampas, donde hay inflación no estamos ante un mercado sino en una mesa de casino con las cartas marcadas. La inflación es el marcador de cuánto nos están robando a plena luz del día.

Querido lector, recuerde esto: el dinero es algo que se compra y se vende (en el mercado de divisas controlado por los Bancos Centrales) y ese mercado es el más tramposo jamás diseñado. En el momento en que pagamos o cobramos en euros o en dólares, estamos participando en ese falso mercado, en esa estafa planetaria por la que se pierde de manera irremisible nuestro poder adquisitivo. Se trata de un simple mecanismo de succión de energía económica, no muy diferente a la extracción de petróleo del subsuelo.

La pregunta que suele surgir, llegados a este punto, es: ¿está Vd. proponiendo que dejemos de usar el dinero de los bancos centrales? Y la respuesta es: sí, rotundamente sí. Es fácil, sencillo y universalmente accesible. De hecho, es inevitable, porque jamás un sistema de dinero fiduciario ha sobrevivido a largo plazo. No hay mayor sensatez que un claro realismo y la realidad es que le barco se hunde. La buena noticia es que hay botes salvavidas para todos en los sistemas monetarios alternativos. Que cada uno decida cuando quiere ponerse a salvo.

➡️ Opinión

Más noticias: