Ada Colau sonriente con el brazo levantado en primer plano y un barco con banderas y varias personas en el fondo sobre un diseño gráfico en tonos rosados.
OPINIÓN

Nos han devuelto a Ada Colau

El regreso de Ada Colau promete una nueva oleada de titulares, causas imposibles y una sobredosis mediática difícil de digerir

Imagen del Blog de Octavio Cortés

Como que aún no se ha diseñado el tipo de contenedor que pueda albergar a Ada Colau y reducir su influencia tóxica inmediata, el gobierno de Israel la ha enviado de vuelta a España, en un acto de venganza despiadada que demuestra la ferocidad del gabinete Netanyahu. Intentaron tenerla en una prisión del Neguev, pero se ve que ni siquiera los soldados de las IDF, acostumbrados a los peores escenarios bélicos, fueron capaces de soportar el trato diario con la exalcaldesa.

A estas horas, Colau ya está en casa, preparándose para las doscientas entrevistas nauseabundas que dará en las próximas semanas, presentándose como una heroína a medio camino entre Juana de Arco y Bob Marley. Si en algún momento, querido lector, se ha planteado usted una desconexión de las redes sociales y la TV, no va a haber mejor ocasión que esta.

La exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a su llegada al Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, a 5 de octubre de 2025, en Barcelona.

Hace ya tiempo, este cronista propuso el Axioma Colau, que puede enunciarse así: “Cualquier situación, la que sea, empeora cuando se añade a Ada Colau”. ¿Está usted en el dentista y aparece Ada Colau? Desastre. ¿Está en una cita romántica o en un partido de baloncesto y aparece Ada Colau? Calamidad.

Pues bien, en estas fechas estamos en disposición de añadir un Segundo Axioma Colau: “para acertar siempre y vivir una vida sencilla y feliz, cimentada en el bien y la verdad, basta con pensar siempre lo contrario a Ada Colau respecto de cualquier tema”. Este segundo axioma nos ahorra mucho tiempo y energía, que podemos dedicar a cosas más interesantes, puesto que la confusión del mundo actual queda simplificada al extremo. ¿Qué dice Ada Colau sobre Oriente Medio, sobre la vivienda, sobre el precio de la merluza, sobre lo que sea? Se afirma lo contrario y se puede tener la absoluta certeza de estar en el camino correcto.

El primer viaje de Colau a Gaza se saldó con unas escenas cómicas, bien lejos de cualquier zona de combate, en las que nuestra heroína y el insigne Ruben Wagensberg se presentaban en un campo de olivos para ayudar a recoger aceitunas (no es broma).

Barcos atracados en un puerto decorados con numerosas banderas palestinas y algunas personas caminando por el muelle en un día soleado.

Este segundo viaje ha sido mucho más largo y ridículo, pero va a ser exprimido por Colau durante años infinitos para presentarse como una especie de Nelson Mandela de Pescanova. ¡Qué oportunidad ha perdido Netanyahu de acabar con Hamás de una vez y para siempre! Bastaba con darles a Ada Colau: la ciudad de Gaza hubiera quedado llena de manteros, puntos violeta feministas, okupas rabiosos y travestis bailarines. 

El caso es que la volvemos a tener entre nosotros. Hay que pensar algo. Podríamos convencerla de que nuevas causas reclaman su presencia, a ser posible en las antípodas. Investiguemos qué problemas tienen en Nueva Zelanda, o en la Polinesia Austral, recojamos fondos para que zarpe de inmediato. Es hora de actuar.

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