
El desierto de los fugitivos
El misterioso retiro de Jesús tras su bautismo evoca antiguos rituales de iniciación y arquetipos de Egipto
En Mateo y Lucas se explica que un Jesús recién bautizado, y como si de un ritual de iniciación se tratara, se ocultó con otros acólitos por el desierto imitando a su mentor, el eremita Juan, como también al profeta Elías. Esta sobreimposición se repetiría muy a menudo en los evangelios para enfatizar que el nazareno intentaba evitar a sus perseguidores. Juan fue una víctima más de ello y su cárcel sobrevino más tarde del bautismo de Jesús, algo que reforzaría el amago del galileo y de los suyos, y en donde las elaboraciones evangélicas exageraron aquel contexto.
Los relatos de Lucas y Mateo nos hablan de un Jesús acompañado de ángeles, algo que nos devuelve a los añadidos y metáforas que los evangelistas utilizaron para ensalzar el papel mesiánico de Jesús y su misión divina (Piñero, 2015). En ello aparecen de nuevo préstamos del antiguo Egipto. El relato de Sinuhé del 2.000 a. C. cuenta que un príncipe temía reinar y que por ello se ocultó en el desierto, donde sufrió calamidades. De nuevo, parece que los evangelistas quisieron coronar al personaje del nazareno con arquetipos egipcios (Carcenac, 2013 & Pujol, 2015).

Otro dato que los evangelios nos cuentan durante estos amagos son los fuertes ayunos del galileo. De hecho, el nazareno no hacía caso a menudo de las invitaciones gastronómicas de sus discípulos (Juan 7, 20) por lo que algunos han imaginado un Jesús delgado y leptosomático. De todas formas, y como siempre esto son suposiciones que no hallan correlación con otros manuscritos de la época. En otros evangelios, o en los rollos de Qumrán, se calificaba a Jesús y a su séquito de comilones y buenos bebedores de vino (Mateo 11, 18-19; 1, 19 y Lucas 7, 33-34). En fin, ante tal cúmulo de paradojas solo se puede afirmar una cosa, hacen falta más datos y no los tenemos.
Lo más congruente con todo lo anterior sería un Jesús que se desplazara con un pequeño grupo de adeptos lejos de la zona del bautista y que estos se dedicaran a hacer lo mismo, a conseguir más seguidores. Juan, quizás más prudente, lo hacía por lugares no judíos como Perea y Samaria, pero un Jesús más atrevido realizaba sus iniciaciones en la principal provincia judía, la propia Judea (Juan 3, 22-26 y 4, 1). Esta situación encajaría con la huida de los nazarenos cuando el bautista sufrió el arresto.
El bautista detenido
Después de la detención del bautista, y al considerar muchos al nazareno como continuador de la obra del eremita, quizás comenzó el liderazgo real de Jesús. Pero ¿por qué fue detenido Juan? Marcos y Mateo cuentan que Juan el bautista, tras criticar a Herodes, recibió la estocada de este. También el historiador romano Flavio Josefo cuenta que Herodes temía que el bautista indujera una revuelta. Así fue como el tetrarca decidió poner fin a sus movidas y lo encerró en su fortaleza de Maqueronte al sudeste del Mar Muerto en Perea (Juan 1, 45). La fecha exacta de ello sería pura especulación y las aproximaciones de un Jesús de treinta años en aquel momento, hallan tremendas contradicciones en el Nuevo Testamento. Dejemos la cosa en que eran adultos hacia una madurez joven.
De todas formas, en los evangelios se halla otra versión de los hechos. Herodes Antipas se había desposado con la nieta de su padre, Herodías, es decir, con su propia sobrina que a su vez era la mujer de su hermanastro Herodes de Filipo. Según los evangelios, tal endemismo familiar fue condenado por el bautista, aunque muy probablemente, y dado el contexto galileo descrito anteriormente, Juan acusó a Herodías de ambiciosa y trepa con tantos amoríos con los monarcas. Por otro lado, y según los evangelios, el eremita denunciaba a Herodes por incumplir la ley mosaica con aquel adulterio incestuoso. A partir de ese momento, Herodías pareció consolidar su papel de gran consejera de Herodes en asuntos de relaciones diplomáticas y de estado, sobre todo con la potencia mundial del momento, Roma.
La versión evangélica que hemos visto fundamenta el odio de Herodes hacia el bautista por un asunto de infidelidad e incesto, pero como se ha indicado, el cronista judío Flavio Josefo nos dejó otra visión muy diferente, lógica y concreta: Juan era un insurrecto que podía amotinar a los aborígenes contra Herodes. Recordemos la vida opulenta y romana de Herodes gracias a los impuestos cobrados a los lugareños y en contrapartida la pobreza sufrida en consecuencia por estos. Tan solo ese hecho ya explicaría la rebeldía de Juan y el temor de Herodes.

La romanización de Antipas significó la urbanización de muchos terrenos, el liberalismo económico y la especulación de los terrenos donde iba a construir. Herodes aprovechó la pobreza de los aborígenes para sus negocios inmobiliarios. En tal crecimiento, el enriquecimiento de pocos provino del empobrecimiento de muchos. Ya detallamos que, tras el peso de unos impuestos abusivos, muchos agricultores se vieron obligados a vender sus tierras si unas malas cosechas les sepultaban bajo una deuda insalvable. Eso explicó el boom inmobiliario que hubo en la Baja Galilea propulsado por la política herodiana afín a la romana. Antes la tierra era de Yahvé, pero bajo Roma se vendía a parcelas al mejor postor. Muchos semitas se enarbolaban ante tal ofensa a Yahvé y a la Alianza de su tierra prometida. Bajo aquel contexto no resultó nada extraño que aparecieran líderes en favor de los humildes. Ya hemos argumentado que Juan fue uno de ellos y Jesús otro continuador. Por tanto, e insistimos, el rey Herodes no se lo pensó dos veces y encarceló al bautista temeroso que este amotinara a los aborígenes, algo muy probable dada la gran tirria que el pueblo guardaba hacia Herodes, un odio ganado por muchas más razones.
Herodes el pijo
Herodes Antipas nació el 20 a. C. y falleció el 39 d. C. Fue tetrarca de Galilea y Perea del 4 a. C al 39 d. C. En honor a Tiberio, y como muestra de vasallaje, Herodes fundó la ciudad de Tiberíades sufragada con los impuestos de los galileos. Allí, en esta ciudad, muy a menudo residiría. Herodes, como su padre, sabía que sin mantener buenas relaciones con Roma ningún reinado ostentaría estabilidad. Así pues, su afán de poder fue manifiesto ante Roma, hasta tal punto que el propio César acabaría por darle un destino singular.
Herodes Antipas pecó de ambicioso al anhelar el título que su padre ostentó, el de rey. Para ello mantuvo ese vasallaje hacia Roma, una sumisión bien orquestada por él y su esposa Herodías. Anteriormente, Herodes había contraído compromiso nupcial con una princesa árabe cuyo padre no era afín a los intereses de Roma. Quizás por ello repudió a la hija del rey Aretas IV bajo otra nueva candidata, Herodías. De hecho, Herodes venció, con ayuda del gobernador romano Vitelio, al rey árabe. Con ello mostró favor hacia Roma, ganando puntos para ser quizás un día rey como su padre. Luego, y tras desposarse con Herodías, mujer de su hermanastro, le dejó claro a este, Herodes de Filipo, quién ostentaba mayor poder. Juan el bautista, como buen nacionalista hebreo que fue, criticó duramente aquel servilismo hacia Roma, casorio en los evangelios, y con ello entró en un nuevo mundo, en su mazmorra. La causa contra Herodes debía ahora prodigarse de otro modo.
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