Retrato en blanco y negro de Juan Soto Ivars barbudo junto a la portada de su libro titulado 'Esto no existe' sobre denuncias falsas en violencia de género sobre fondo rosa.
OPINIÓN

En defensa de Juan Soto Ivars

El foco mediático ha elegido un villano rápido y una etiqueta simple para evitar discutir lo incómodo

Imagen del Blog de Octavio Cortés

El libro de temática política más importante de 2025 ha sido Esto no existe, de Juan Soto Ivars, dedicado al tema de las denuncias falsa de violencia de género y el daño incalculable sufrido por muchos hombres a causa de un sistema judicial transformado en una maquinaria al servicio de la ideología feminista. Como era de esperar, Soto Ivars está sufriendo una virulenta campaña de desprestigio orquestada desde la izquierda, acusándole de “negacionista” y de “promover el machismo estructural”. Los ladridos habituales de los enemigos de la libertad de pensamiento.

Soto Ivars no es un conservador, ni siquiera alguien de derechas. Se ha definido en numerosas ocasiones como socialdemócrata, pero no por ello ha dejado de señalar las inconsistencias morales de la neo izquierda woke. Ahora se le quiere presentar como la quintaesencia del machismo reaccionario, pero lo que él ha hecho con su libro es simplemente señalar a un agujero negro en la sociedad española: la total indefensión de los hombres, por el mero hecho de serlo, allí donde se aplica la LIVG.

Libro de tapa blanda color rosa titulado 'Esto no existe' de Juan Soto Ivars apoyado sobre una mesa de madera con ilustración de la diosa de la justicia con gafas de sol y balanza en la portada.

En realidad, es todo muy sencillo. La LIVG contiene la llamada “inversión de la carga de la prueba”, es decir, suspende la presunción de inocencia. En principio, delante de un tribunal, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario: es la acusación la que tiene que aportar pruebas. Pero en el caso de las denuncias cursadas a través de la LIVG, en nombre del famoso “hermana, yo sí te creo”, la palabra de la mujer tiene presunción de veracidad y es el acusado quien tiene que demostrar su inocencia.

Recordemos que la vicepresidenta María Jesús Montero llegó a decir en un mitin que la presunción de inocencia no podía estar por encima de la palabra de una mujer. Como si las mujeres, por algún tipo de hándicap cerebral, fueran incapaces de mentir. Como si nadie jamás, en ninguna ocasión, en ningún lugar, hubiera visto a una mujer mentir. Suspendida la presunción de inocencia, entramos en terreno de pura barbarie jurídica.

Plano medio corto de María Jesús Montero, con una camisa y chaqueta lila sonriendo ante los periodistas

Vidas arrasadas, estancias en prisión preventiva, vida laboral destrozada, pérdida de contacto con los hijos, recursos económicos devastados, crisis mentales y suicidios: a estas alturas, después de dos décadas de LIVG (mantenida, por cierto, bajo las mayorías parlamentarias del PP de la época de Rajoy) el daño hecho a los hombres españoles por el feminismo institucional resulta difícil de evaluar por sus espantosas proporciones. Juan Soto Ivars ha decidido romper una burbuja de silencio aún teniendo que pagar un enorme precio en forma de ruido político en su contra: ha hecho bien y el tiempo le otorgará el reconocimiento que merece.

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