Retrato en blanco y negro de Ada Colau sobre un fondo rosa con líneas negras y el logotipo de Barcelona En Comú a la izquierda.
OPINIÓN

La Colau en Comú

En plena crisis interna, los Comuns buscan redefinir su rumbo y abrir la puerta al regreso de su figura más reconocible

Esta semana hemos sabido que Barcelona en Comú, aquel invento electoral que permitió a Ada Colau, hace diez años, conseguir ser alcaldesa de Barcelona, modificará sus estatutos para que Colau pueda volver a presentarse a la alcaldía si así lo desea. Un buen ejemplo del “si no te gustan mis principios, los cambio”.

La decisión de la dirección de los Comuns llega en un momento de extrema fragilidad para la organización, a causa de la huida de sus caras visibles en plena debacle. La última, la que fue su teniente de alcalde, Janet Sanz. Un hecho que demuestra que los Comuns nacieron con el único propósito de conducir a la activista por la vivienda hasta la Plaza Sant Jaume. Y que sin Colau al frente, todos ven peligrar su “modus vivendi”.

Ada Colau vestida con una camiseta sin mangas negra, aplaudiendo frente a un micrófono con un fondo de color púrpura.

El cambio de los estatutos para permitirle volver, en caso de que lo desee y no opte, por ejemplo, por relevar a Yolanda Díaz como candidata a las generales, supone también una clara muestra de desesperación. Sin una cara visible que quiera liderar un proyecto fallido, que ha conducido a Barcelona a la marginalidad y a las mayores cifras jamás conocidas de pobreza y delincuencia en las calles, los Comuns corren el riesgo de desaparecer.

En los últimos meses, se ha hablado de muchos nombres. De Gerardo Pisarello, de Jaume Asens e incluso, sin ser ninguna broma de mal gusto —aunque lo parezca—, se ha autopropuesto el comunicador “hater” Bob Pop. Que Dios tenga piedad de Barcelona si todo lo que se les ocurre a los Comuns para dirigir la ciudad son esos tres o la peor alcaldesa que ha tenido jamás la capital catalana.

Barcos atracados en un puerto decorados con numerosas banderas palestinas y algunas personas caminando por el muelle en un día soleado.

Está por ver aún qué querrá hacer la marquesa Colau. Sí, como he mencionado anteriormente, decide esta vez sí dar el salto a Madrid o vuelve a jugarse el hecho de poner su cara en los carteles de Barcelona en las próximas municipales. Lo único que uno tiene claro es que el numerito de la flotilla a Gaza no fue más que su reaparición en público con todos los focos puestos en ella, aprovechando una crisis humanitaria sin precedentes.

Haga lo que haga, la mala gestión y las decisiones muy a menudo equivocadas del espacio político que representa, buscando incluso imponer sus ideas por encima de cualquier consenso, no dejan a Colau y compañía otro escenario que el de verse abocados a un nuevo fracaso electoral. Es cierto, y ahí vendría el cálculo político de recuperarla como salvadora, que con ella quizá alargarían la agonía. Y que, en lugar de desaparecer del consistorio en 2027, conseguirían mantenerse chupando de la mamandurria hasta 2031. Veremos.

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