Dos hombres con traje, que son Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, posan serios frente a un edificio de ladrillo y ventanales sobre un fondo rosa con marco gráfico oscuro.
OPINIÓN

Café para todos

ERC vende un salto histórico, pero el acuerdo con Pedro Sánchez abre un modelo que puede acabar diluyéndose en Madrid

El nuevo modelo de financiación pactado entre el PSOE y ERC a cambio del apoyo inequívoco de los republicanos al Gobierno de España, algo de lo que nadie dudaba escuchando a Gabriel Rufián en sus intervenciones, supone un nuevo “café para todos” 2.0.

Esquerra ha pasado de reclamar, reivindicar y celebrar un concierto económico similar al del País Vasco y Navarra, de hecho así lo anunciaron en el acuerdo para investir a Salvador Illa en el verano de 2024, a aceptar ser los padres de un nuevo modelo que sirva para todas las comunidades autónomas que ni siquiera tiene los votos garantizados para ser aprobado en el Congreso de los Diputados.

Dos personas de pie al aire libre con expresiones serias.

La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, celebró el viernes que el nuevo modelo “avanza en el autogobierno” anhelado por el independentismo. Lo dijo para intentar convencer a Junts de que la propuesta acordada con ERC era buena y que debían conformarse con eso.

Pero no, pese a los fuegos artificiales que quieran lanzar unos y otros, no es eso. Y estamos muy lejos de tener una financiación para Cataluña que se corresponda con el esfuerzo que el país y su ciudadanía hacen a diario.

Se ha dicho siempre, y parece lógico, que no es una cuestión de solidaridad o insolidaridad. Es una cuestión de respeto a una cultura del esfuerzo que algunos quieren pisotear, empezando por ERC, aceptando algo que no es lo que pedía —si bien supone un paso adelante—.

La decisión de los republicanos, tras una visita a domicilio de Oriol Junqueras al Palacio de la Moncloa, como aquel vasallo que visita al amo para rendir cuentas, supone una implicación más elevada de un partido de tradición independentista en la gobernabilidad de un Estado que dicen que no va con ellos.

No sé cómo será recibido esto, en su electorado. Hasta ahora, en las últimas elecciones al Parlament, las celebradas en el verano de 2024, vimos cómo el votante catalán les castigaba duramente por ser copartícipes de la búsqueda de soluciones a los problemas políticos que tiene el Gobierno de España.

Una estrategia radicalmente diferente de la de Junts, que mantuvo el tipo en los últimos comicios. Aunque las encuestas que se publican hoy, principalmente la del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), que depende de la Generalitat, dicen lo contrario. Pero aquí, como con el CIS de José Félix Tezanos, también hay muchos intereses.

A la espera de qué pasa con la recaudación del IRPF, la otra petición de ERC que bloquea hoy en día la posibilidad de que se abracen definitivamente al PSOE y al PSC aprobando sus presupuestos, la gran duda ahora es qué recorrido tendrá el nuevo modelo de financiación catalán.

De momento, tanto el PP como Junts ya han dicho, por motivos muy diferentes, que no les gusta y que, por tanto, no lo aprobarán. Algunos socios de la coalición, como Compromís o la Chunta Aragonesista, dentro de Sumar, también rechazan el trato privilegiado para la Generalitat. Todo apunta a un fracaso del que será responsable Sánchez, que hace todo esto, enfadando a su partido, para mantenerse él en el poder

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