Portada de la producción 'Ícaro La semana en llamas' sobre fondo rosa con la palabra FILMIN en letras grandes verdes y grises.
OPINIÓN

El boicot a Filmin

El boicot a Filmin roza lo cómico, porque es casi la única plataforma donde el catalán no es casi anecdótico

Imagen del Blog de Octavio Cortés

Están las tropas indepes movilizadas por el hecho de que Filmin haya incluido en su catálogo un documental sobre las vivencias de los policías de la UIP durante la llamada “batalla de Urquinaona”, los disturbios que siguieron a la sentencia de 2019 contra los encausados por el procés. Se trata del típico escándalo minúsculo que sirve para mantener la histeria procesista viva diez años después: una mezcla de victimismo y ridícula grandilocuencia.

Ahora bien, como es habitual, hay mil detalles sabrosos en la situación. Para empezar, la campaña de boicot contra Filmin resulta más bien cómica, puesto que justamente Filmin es la única plataforma de contenidos digitales donde la lengua catalana tiene un lugar que no sea meramente anecdótico. ¿Realmente vamos a disparar contra el único aliado que tiene la causa de la lengua en el mercado audiovisual?

Póster oscuro de la serie 'Ícaro: La semana en llamas' con una cafetera rota y fichas esparcidas sobre el suelo.

Por otra parte, el documental es tan malo, tan burdo, tan aburrido y sesgado, que faltan las palabras para hacer justicia al despropósito. Este cronista lo ha sufrido en sus carnes y puede dar testimonio. No es más que una mezcla de imágenes de los disturbios y docenas de entrevistas a miembros de la UIP, con un montaje totalmente plano y una intención puramente propagandística.

Cada uno pensará lo que quiera sobre lo sucedido en Barcelona en aquellas fechas, pero lo que es seguro es que se trató de un fenómeno político y social de una enorme complejidad, en la que no basta un relato de buenos y malos – sobre todo cuando los buenos resultan ser un cuerpo policial de mercenarios sin ningún código moral más allá de la obediencia, como se demostró durante el COVID o los disturbios de Ferraz. Usted señale a aquel que debe ser apaleado y nosotros lo apaleamos.

Estos mismos agentes de policía que aparecen en el documental diciendo que defienden “los derechos de los ciudadanos” son los que detenían a bañistas en playas vacías por no llevar una mascarilla, o los que gasearon a ancianos frente a la sede del PSOE, o los que aplican cada día la LIVG sin pestañear. Una simple herramienta del poder, burda y desprovista de moral.

Lo cierto es que resulta sumamente iluminador oír las voces de los agentes en primera persona. Una y otra vez reivindican que son simples profesionales que hacen su trabajo. En ningún momento hay lugar para algún tipo de reflexión ética de fondo. Nadie dice “lo que deberíamos haber hecho es dirigirnos a la Generalitat y a la Moncloa y llevarnos detenidos a los responsables de incendiar un país”. Estos robots sin conciencia solo golpean hacia abajo.

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