Mapa de Cataluña con franjas horizontales sobre una imagen de personas caminando en la calle con fondo en tonos rosados y bordes decorativos.
OPINIÓN

Ahora nadie quiere la Cataluña de los 10 millones

Desde el punto de vista práctico, el problema real de la Cataluña de los diez millones es que no va a haber mezquitas suficientes

Imagen del Blog de Octavio Cortés

En pleno pánico preelectoral por el ascenso de Aliança Catalana, los partidos procesistas han empezado a renegar en público de esa utopía de la “Cataluña de los diez millones”: Junts hace tiempo que va haciendo guiños al discurso antiinmigración y Oriol Junqueras apareció este fin de semana en La Vanguardia hablando de límites poblacionales respecto de los recursos existentes.

El caso de Junqueras resulta particularmente tierno. Regresó a la dirección de ERC convertido en una mezcla de párroco rural y abuelo con ictus, después de pasarse meses apareciendo por vaquerías y establos, en modo bucólico-pastoril, hablando sobre la paz en el mundo.

Dos personas de pie al aire libre con expresiones serias.

Se ve que ahora quiere retomar la iniciativa política, pero claro, a ERC ya solo le quedan dos funciones y ambas son auxiliares: sostener el avance del Islam en todos los terrenos y sostener a Pedro Sánchez en su crescendo judicial. La idea parece ser la siguiente: Rufián dará tres entrevistas semanales en la Sexta en su nuevo papel de Gran Conciliador de las Izquierdas Españolas y Junqueras dirá una cosa y la contraria según sople el viento, como si hablara solo. Qué podría salir mal.

¿Cuánta gente cabe en Cataluña? Eso depende del nivel de miseria que se quiera asumir. Si estamos dispuestos a ser el Bangladesh mediterráneo, podemos meter a treinta millones. Este parece ser el modelo general, según una clara lógica: si de todos modos vas a llevar a la población a la miseria, lo mejor es importar población que ya esté habituada a ese nivel de miseria y lo considere perfectamente aceptable. Ya tenemos fiebre porcina en Collserola, solo se trata de ir añadiendo el tifus, el cólera y el escorbuto, para redondear el panorama de insalubridad tercermundista.

Una pareja de personas mayores caminando por una calle urbana, el hombre lleva una maleta con ruedas y la mujer viste un atuendo tradicional.

Desde el punto de vista práctico, el problema real de la Cataluña de los diez millones es que no va a haber mezquitas suficientes. También habrá que habilitar espacios más amplios para que los carteristas puedan desvalijar a las abuelas y los violadores puedan violar a las nietas de dichas abuelas. Son problemas técnicos, relativos a cuestiones urbanísticas, que pueden solucionarse fácilmente creando un par de observatorios y mesas de expertos. Mientras haya subvenciones suficientes, la cosa se podría solucionar.

Eso sí, habrá que ir renunciando a la lengua catalana en favor de todos los dialectos de las tribus situadas entre Argelia y Pakistán. Quién quiere seguir empleando la lengua de Verdaguer o Riba cuando puede emplear los gruñidos de un tuareg comedor de dátiles. Gran aumento de diversidad e inclusión, gran descenso de lenguas ligadas a pasados coloniales, machistas y cristianos. Todo en orden.

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