Ada Colau con el cabello corto y claro sonríe mientras se limpia una lágrima, al fondo se observa un barco con banderas y varias personas en el muelle, todo sobre un fondo rosa con detalles gráficos.
OPINIÓN

Y ahora, a aguantarlos

Tras semanas de navegación y apariciones mediáticas, los integrantes de la “flotilla” regresan sin haber alcanzado su supuesto objetivo

El crucero por el Mediterráneo ha terminado para los miembros de la “flotilla”, que decían embarcarse para ayudar a Gaza. Sabiendo, como sabíamos todos, que nunca podrían llegar a Palestina. Y sabiendo también que su acción humanitaria, por una causa que todos podemos compartir, tenía más que ver con la promoción individual de muchos de ellos que con un objetivo real de detener el genocidio o alimentar a la población.

Fiestas en Ibiza, escapadas a las calas de Menorca o a las playas de Mykonos son algunas de las duras actividades que han realizado durante la larga travesía. No sin actualizarnos diariamente sobre su sufrimiento, a través de vídeos en las redes sociales o videollamadas en varios medios de comunicación, para conseguir la atención que necesitaban. Repito: en algunos casos, la que necesitaban algunos de los miembros de la “flotilla”, no la causa justa que decían ir a defender.

Barcos atracados en un puerto decorados con numerosas banderas palestinas y algunas personas caminando por el muelle en un día soleado.

Una vez ya en puerto israelí, a la espera de ser devueltos a sus países de origen, sin ninguna agresión física como preveían que sufrirían ni ningún secuestro ilegal, más allá de la detención técnica a la que se procede siempre cuando se intenta entrar a un país sin pasar por el control migratorio, me parece que ahora viene lo peor de la “flotilla”.

Si no hemos tenido bastante durante las tres semanas de travesía con cada una de sus intervenciones —algunas incluso con lágrimas en los ojos simulando una despedida—, en cuanto pongan un pie en España estoy seguro de que la “Barbie”, como se conoce a la influencer Ana Alcalde, los dirigentes de Podemos o la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, irán de un plató a otro explicando su experiencia y cobrando por ello. Y, por qué no decirlo, en el caso de Colau, seguramente buscando relanzar su candidatura a algún cargo.

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