Dos mujeres en primer plano con expresiones serias sobre un fondo rosa difuminado; son Sarah Santaolalla y Ada Lluch.
OPINIÓN

Ada Lluch o Sarah Santaolalla

Entre la estética de TikTok y el ruido mediático, la discusión política se hunde en la superficie y el pensamiento crítico desaparece

Imagen del Blog de Octavio Cortés

Parece que los canales de TV, esa red de propagación de todo tipo de veneno espiritual, han decidido poner el debate político en manos de dos muchachas con pinta de azafatas de congresos, Sarah a la izquierda y Ada a la derecha. Ambas comparten algunos rasgos llamativos: las serias dificultades para enlazar sujeto y predicado, la profundidad intelectual de una cacatúa, la manía de reducir el debate a slogans de Tiktok. También es verdad que estas dos eminencias parecen Hannah Arendt y Simone de Beauvoir cuando se recuerda que los líderes de opinión actuales son David Broncano y la chavalada de Operación Triunfo.

En cualquier caso, el mundo de Tiktok ha venido para quedarse. Ya solo importa la pose: Sarah grita y manotea con sus modales de fritanga y riñonera, Ada pone vocecitas de telefonista coreana y suspira por un marido que la mantenga. Querido lector, ¿quiere usted pruebas de que el eje izquierda-derecha ya no sirve para entender la realidad? Lo que se nos propone a través de la TV ya son solo distintos modelos de gestión de alcoba: el caos monstruoso de Sarah o el infantilismo ofídico de Ada.

Dos mujeres jóvenes aparecen en primer plano, una con el cabello suelto y la otra con el cabello recogido, ambas con expresión seria y maquillaje marcado; son Ada Lluch y Sarah Santaolalla.

Mientras tanto la UE está por aprobar la intervención de todas las comunicaciones privadas (el llamado Chat Control), la deuda pública sigue devorándolo todo a través de la inflación gracias a las políticas expansivas de los bancos centrales, la islamización de nuestros barrios avanza alegremente y se sigue enseñando en las aulas que existen mujeres con pene. Pero todo eso qué más da. Lo importante es el último clip en Instagram de Sarah o de Ada.

El debate está en los márgenes, más vivo que nunca. El triple combo de la disrupción tecnológica (inteligencia artificial, finanzas descentralizados y robotización de la fuerza de trabajo) va a cambiar el mundo de arriba abajo y el sistema no hace más que lanzar una cortina de humo tras otra, para poder trabajar en la transición sin ser molestado. Si hay que dar espacio a los de la Flotilla para decir que sufrieron “torturas de baja intensidad” como tener que beber agua del grifo o ser esposados, se hace. Si hay que meter en la cárcel a algún socialista aficionado a las señoritas, se le mete. Si hay que forzar el olvido colectivo sobre las atrocidades de la época COVID, se fuerza. De todos modos, aquí nadie protesta.

La revolución feminista ha consistido en hacer a Irene Montero millonaria (con sus chalets y sus colegios privados) y en dar micrófono a dos muchachas que giran como peonzas sobre su propio eje de cretinismo abismal y pintalabios caros. Qué comedia, qué comedia lamentable.

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