
Del veto mediático al cambio de la ley electoral: cómo los partidos del sistema intentan frenar a Sílvia Orriols
Todos los intentos acaban resultando estériles o contraproducentes
El Confidencial ha desvelado esta semana la oferta del PSC a Junts para aprobar un nuevo sistema electoral que perjudicaría a Aliança Catalana. El sistema proporcional actual da más peso a las provincias menos pobladas, que es donde Sílvia Orriols saca más votos. El cambio a un sistema de circunscripción única podría cortar las alas al orriolismo, que es el principal quebradero de PSC, Junts, ERC, Comuns y CUP.

Este es un nuevo intento de los partidos del sistema para frenar el auge imparable de formaciones como Vox y Aliança Catalana. De hecho, según esta infomación la oferta del PSC a Junts se produjo tras el subidón de Vox en las elecciones aragonesas del pasado domingo.
Está claro que el aumento imparable de estos partidos está generando mucha preocupación en los partidos tradicionales. Más en Cataluña, donde el intento del PSC de crear una nueva hegemonía no está funcionando y el tablero político se está rompiendo por todos lados. Lo peor para formaciones como PSC y Junts es que cada nuevo intento por revertir la situación parece tener el efecto contrario.
Ni el veto mediático, ni el cordón sanitario institucional
Las cosas empezaron a cambiar con la irrupción de Vox en el Parlament de Cataluña, en las elecciones de 2021, que cogió a todos a contrapié. PSC, Junts, ERC, Comuns y CUP corrieron a aprobar un cordón sanitario para bloquear cualquier iniciativa de Vox en el Parlament. En las municipales de 2023 pasó de 3 a 124 concejales, y en 2024 consiguió un representante más en el Parlament.
En aquellas elecciones, además, los partidos del sistema asistieron horrorizados a la explosión del fenómeno Orriols. Su victoria en Ripoll fue recibida con pavor por los partidos procesistas, que impusieron un veto mediático con la esperanza de que el problema desapareciera solo. La realidad fue que pese al veto de TV3 y las campañas difamatorias de la prensa subvencionada, la alcaldesa de Ripoll consiguió marcar la agenda política catalana en un tiempo récord.

Su entrada en el Parlament un año después confirmó el fracaso del veto mediático y dio paso a una nueva estrategia, el hostigamiento institucional. PSC, Junts, ERC, Comuns y CUP revalidaron el cordón sanitario contra Vox haciéndolo extensivo a Aliança Catalana. Desde la mesa y la presidencia del Parlament se ha interrumpido y advertido constantemente a los diputados de estas formaciones mientras se ha permitido el insulto por parte de los demás partidos.
La doble vara medir de la presidencia del Parlament se ha combinado con sanciones económicas de la Generalitat a Sílvia Orriols e Ignacio Garriga. También con el impulso de una comisión de estudio de los discursos de odio, como paso previo a la modificación del reglamento del Parlament para coartar la libertad de expresión de los diputados. Los partidos e instituciones también se han negado a condenar las agresiones físicas sufridas por dirigentes y militantes de Vox y AC, en un contexto de creciente violencia política.
Ni el veto mediático ni el cordón sanitario han funcionado, porque según todas las encuestas Aliança Catalana estaría cerca de dar el sorpasso a los partidos procesistas. Ahora exploran el cambio de la ley electoral, como un intento a la desesperada por cambiar la dinámica.
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