Un hombre con gafas y barba corta está de pie frente a un micrófono, ajustándose las gafas con una mano. Lleva una camisa blanca y parece estar en una sala de reuniones o conferencia, con varias personas desenfocadas en el fondo.
POLÍTICA

Se ríen de la CUP de Gerona por la última guerra de símbolos contra el Rey

Los usuarios no tienen ninguna duda: '100% simbología vacía, 0% actos con algún tipo de efecto'

El Ayuntamiento de Gerona ha decidido colgar un retrato de Felipe VI en el salón de plenos, pero no un retrato cualquiera. Se trata de un mosaico compuesto por centenares de imágenes del referéndum del 1 de octubre de 2017. El alcalde Lluc Salellas ha defendido la iniciativa como un “ataque simbólico” a la monarquía para reafirmar el carácter republicano de la ciudad.

La medida responde a la sentencia del Juzgado Contencioso número 2 de Gerona, que obligaba al consistorio a colocar el retrato del jefe del Estado en un lugar preferente. Vox había denunciado al alcalde por “desobedecer” la normativa, y el fallo judicial marcaba el regreso de la imagen del monarca a la sala tras una década de ausencia. Fue Carles Puigdemont, en 2014, quien retiró las fotografías de Juan Carlos I y la reina Sofía, y nunca las sustituyó por las de Felipe VI.

Una maniobra sin recorrido político

Aunque el gesto ha tenido repercusión mediática, la reacción mayoritaria en redes ha sido de burla. Muchos usuarios consideran que este tipo de “performances” de la CUP ya no generan el más mínimo impacto político real. Entre los comentarios más compartidos se leen frases como “jugadas maestras y acatamiento crítico, en eso no nos gana nadie”, o “sí, los españoles están temblando y el monarca a punto de abdicar”.

Plano medio del rey Felipe VI con cara seria en el desfile militar del 12 de octubre con la reina Letizia a su lado izquierdo mirando al cielo y la infanta Sofía a su derecha mirando a su padre

Otros han sido más incisivos: “acciones totalmente inofensivas e inútiles para seguir viviendo del sistema español” o “100% simbología vacía, 0% actos con algún tipo de efecto”. Tampoco han faltado las críticas de tono municipalista: “la ciudad está sucia, las malas hierbas crecen por todas partes, y ponemos una pancarta en lugar de arreglar los problemas reales”.

La interpretación más extendida es que la CUP atraviesa el peor momento electoral de su historia y busca visibilidad a cualquier precio. Asunto distinto es que los cupaires crean que todo este procesismo simbólico todavía tiene recorrido. Lo que resulta claro es que amplios sectores del electorado independentista ya no comulgan con esta política de gestos.

El mosaico con la cara del Rey, lejos de intimidar a nadie, ha servido sobre todo para que las redes sociales se rían de la enésima batalla de símbolos de los antisistema.

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