
Junts profundiza su fractura interna entre los alcaldes y el sector woke del Parlament
La única conexión que le queda a Junts con la realidad son los alcaldes: inseguridad, vivienda y servicios saturados
Las posiciones internas de Junts vuelven a tensarse. Esta vez, el detonante ha sido el alcalde de Vic, que defendió en una entrevista en la cadena SER que los municipios saturados por el aumento de población deberían poder decidir a quién empadronan y a quién no. Lo planteó como una cuestión de gestión local: los ayuntamientos afrontan más presión que nunca y carecen de herramientas para responder con eficacia.
Sus palabras llegan pocas semanas después de que varios alcaldes del partido viajaron a Waterloo para reunirse con Carles Puigdemont y Jordi Turull. Aquel encuentro ya evidenció una diferencia de fondo. Los representantes municipales expusieron problemas concretos —inseguridad, multirreincidencia, ocupación ilegal, vivienda o falta de recursos— mientras que la dirección seguía centrada en debates estrictamente políticos y en la relación con el PSOE.

Un territorio desbordado frente a un Parlament desconectado
Los alcaldes han asumido que su espacio se ha convertido en el único punto de contacto con la realidad cotidiana. Son ellos quienes reciben las quejas por la degradación del entorno urbano y por la llegada constante de nuevos residentes sin planificación suficiente. Y son ellos quienes reclaman a la cúpula del partido un discurso más acorde con las preocupaciones de los vecinos.
En cambio, el grupo parlamentario sigue atrapado en discusiones internas y en la defensa de posiciones que poco tienen que ver con la gestión diaria de un municipio. La distancia entre ambas miradas aumenta, y las bases territoriales trasladan ya un malestar que hasta hace poco intentaban contener.
De hecho, el sector más progresista de Junts se ha reorganizado mediante la creación de MEScat Independentistes d’Esquerra. Sus impulsores, vinculados a Agustí Colomines y Ennatu Domingo, defienden reforzar la sensibilidad de izquierdas y recuperar parte del imaginario del 1 de octubre. Esta operación interna llega justo cuando el partido trata de perfilar un rumbo más pragmático.

Junts encara 2027 con un problema creciente
La fractura interna tiene un horizonte claro: las elecciones municipales de 2027. Junts sabe que será entonces cuando se medirá su fuerza real en el territorio. Los alcaldes temen llegar a esa cita con un partido dividido, un discurso difuso y una dirección más preocupada por el equilibrio interno que por la respuesta a los problemas de la calle.
El episodio protagonizado por el alcalde de Vic no es un caso aislado. Representa un choque más profundo entre dos visiones del partido. Es decir, la que se debe a la gestión y la que responde a un marco ideológico cada vez más alejado de la realidad municipal.
Lo que hoy vive Junts es una tensión entre pragmatismo y retórica. Los alcaldes reclaman herramientas, claridad y prioridades. El sector parlamentario insiste en debates conceptuales que no resuelven los desafíos actuales. Y el partido, mientras tanto, avanza sin un centro de gravedad claro. Las encuestas y sondeos hablan por sí solos.
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