Plano medio de Alejandro Fernández de perfil, hablando desde el atril del Parlament de Cataluña con un traje marrón
POLÍTICA

El informe para ‘no acabar como Francia’ que comparte Alejandro Fernández

La fundación NEOS recalca que la ‘eficacia’ de la política migratoria es esencial para la estabilidad de nuestras sociedades

La inmigración es el gran asunto. De un tiempo a esta parte, la cuestión migratoria se ha colocado en el centro del debate, y ningún tema se libra de su influencia. Desde el mercado de la vivienda hasta la seguridad ciudadana y pasando por la integración.

Y si se mira con un poco de perspectiva, las sociedades occidentales han cambiado radicalmente de parecer. De las puertas abiertas de la cancillera Merkel hemos pasado al endurecimiento de la política migratoria de la UE. Aunque tampoco hace falta salir de Cataluña para ver estos cambios: del famoso Volem Acollir hemos pasado a los recelos.

En términos ideológicos, el buenismo cotiza a la baja, y ya resulta claro que la inmigración tiene muchas más aristas que las humanitarias. Esto es lo que ha reivindicado el líder del PP en Cataluña, Alejandro Fernández, en referencia a un informe de la fundación NEOS. “Si no queremos acabar como Francia o Bélgica en este asunto, hay que actuar ya”, advierte Fernández:

Una pareja de personas mayores caminando por una calle urbana, el hombre lleva una maleta con ruedas y la mujer viste un atuendo tradicional.

Los puntos más destacados del informe

Con el título Inmigración en España: buenismo o eficacia, este informe se propone arrojar luz sobre el debate migratorio. Su punto de partida es la necesidad de enmarcar el problema en el realismo y la eficacia, sin dejar de lado los puntos más espinosos. “La discusión debe centrarse en la cantidad de inmigración, su origen, ritmo y cómo integrarla, respetando la capacidad de absorción del país receptor”, señala el informe.

En este sentido, se insta a los gobiernos (y a los medios de comunicación) a aceptar dos tesis básicas. La primera es la diferencia entre un refugiado y un inmigrante económico, y la segunda es que los Estados receptores deben seguir una política de “inmigración selectiva”. De lo contrario, las capacidades asistenciales del país receptor se saturan y acaban perdiendo todos, tanto nativos como extranjeros.

“La gestión migratoria pasiva, tolerante con la irregularidad y el recurso a las regularizaciones cíclicas, se debe sustituir por una política activa y estratégica que asegure el equilibrio con una inmigración regular y seleccionada”, señala el informe en su octava recomendación. Es decir, que la pasividad migratoria, expresada en las puertas abiertas, es la peor política.

Estas recomendaciones están de más actualidad que nunca porque es habitual comparar la inmigración magrebí con los refugiados ucranianos, que huyen de una guerra. Es por esto que, entre los refugiados ucranianos, sí había mujeres, niñas, niños, ancianos, hombres y mujeres de diferentes edades. Entre la inmigración magrebí, en cambio, se observa un claro patrón: la absoluta mayoría son hombres jóvenes.

Finalmente, el informe no duda en señalar que la actual política migratoria es incapaz de ofrecer una integración plena y real. Hay cuatro indicadores que así lo demuestran: cifras de rentas menores a las autóctonas, retraso educativo, endogamia comunitaria y altas relativas de delincuencia. Nuevamente, basta analizar el caso catalán para advertir este patrón.

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