
El pinchazo del Gran Recapte: la gente, cada vez más harta de hacer lo que no hacen los gobiernos
El descrédito político e institucional en Cataluña ha dinamitado también la solidaridad popular
El Gran Recapte también pincha. A falta de la cifra oficial, que se conocerán en los próximos días, la organización ya ha dicho que no se superarán los 1,5 millones de kilos de alimentos recabados el año pasado. Como tampoco la recaudación de 1,2 millones de euros de la pasada edición.
La directora del Banc d’Aliments, Elisabet Viladomiu, atribuye el descenso al adelanto de las fechas y la ola de solidaridad de la DANA. Pero detrás hay otras razones, quizás más incómodas, y que nadie reconoce de manera oficial. Como el hartazgo de mucha gente ante estas campañas de solidaridad, que pretenden que la solidaridad popular haga lo que no hacen las administraciones.

El Gran Recapte es solo un ejemplo más del pinchazo de la burbuja de la solidaridad, como ocurre también con La Marató. El evento solidario por excelencia en Cataluña ha pasado de recaudar 14 millones a apenas 6 en la última edición. Basta con echar un vistazo a lo que dicen las redes para ver el enfado de la gente y los motivos por los cuales estos eventos cada vez recaudan menos.
Más pobreza y despilfarro de recursos públicos
"Es la hora de la ciudadanía", decían los organizadores del Gran Recapte horas antes de empezar el evento de este año. Este lema resume muy bien por qué mucha gente se está cansando de este tipo de campañas: cargan sobre las espaldas de la gente la responsabilidad de la pobreza severa que hay en Cataluña por culpa de la mala gestión de los gobiernos.
Los últimos datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat) muestran una cronificación de la pobreza en Cataluña. Tras dos décadas de gobiernos progresistas y procesistas, la pobreza severa supera el 8% y uno de cada cuatro catalanes, el 24,4%, es pobre. El caso más alarmante es el de la pobreza infantil: afecta uno de cada tres niños en Cataluña.
Pese a este grave problema, la Generalitat sigue despilfarrando el dinero en gastos superfluos. El Govern de Salvador Illa tiene una de las estructuras de gobierno más caras de todo lo estado, con 380 altos cargos y 18,7 millones de euros en gasto de personal. A ello hay que sumar lo que cuestan las diputaciones y el sinfín de chiringuitos que viven del dinero público.
Además está la disfuncional distribución de recursos públicos, que no suelen llegar nunca a los más necesitados. Así como el colapso de los servicios públicos, que también sufren los más desfavorecidos. Esto ayuda a entender la pérdida de fuelle de eventos como el Gran Recapte o La Marató, que cada vez más catalanes ven como un "parche" y un lavado de cara de los políticos.
¿Gestionar la pobreza, o solucionarla?
"¿Esta recogida a quién beneficia? Si funcionaran bien los servicios sociales de los ayuntamiento y se atendiera a quien realmente lo necesita no haría falta esta comedia", dice Salvador en X. "Evento solidario que no sería necesario si los gobiernos de turno, incluido el nuestro, hicieran las cosas pensando en sus ciudadanos", apunta otro usuario de la red social. "Es un lamentable postureo", dice un catalán comentando el post de Jordi Turull colaborando con la iniciativa.
"Ni un euro pienso dar, estamos hasta las narices de que no tomen el pelo", dice uno de los más indignados. Esta es la tónica de los mensajes sobre el evento, y que ilustran el por qué del pinchazo de esta y otras iniciativas solidarias.
Por otro lado, el Gobierno central ha celebrado recientemente que cada vez más españoles cobren el Ingreso Mínimo Vital (IMV). Lo cual no solo retrata el fracaso de los gobiernos progresistas, que dejan cada vez más pobres, sino también abre una pregunta: si los gobiernos deben conformarse con gestionar la pobreza, o intentar revertirla con una gestión eficiente y una mejor distribución de los recursos públicos.
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