Dos hombres con traje posan sonrientes frente a un fondo desenfocado con el logotipo de TV3
POLÍTICA

Fallos técnicos, sectarismo ideológico y sombra de corrupción: qué está pasando en TV3

Varios sucesos ocurridos esta semana hunden un poco más el prestigio de los medios públicos catalanes

Los espectadores de TV3 se quedaron a cuadros el martes cuando en plena emisión del Està Passant se colaron unos ensayos de los informativos en directo. Luego fundido a negro, logo de la cadena durante unos minutos, y vuelta al Està Passant. El viernes, nuevamente, se perdió la señal justo antes del inicio de Els Matins. Los problemas técnicos se han repetido en programas de TV3, como Tot Es Mou, y de Catalunya Ràdio, como Els Matins.

Estos fallos técnicos han causado estupefacción entre unos espectadores acostumbrados a un servicio que siempre había sido de calidad. Esto se suma al malestar de fondo por el alto coste de la cadena, la pérdida de calidad de la programación, la polémica en torno a las marcas, el sectarismo ideológico y la sombra de la corrupción.

Por qué se está hundiendo TV3

Esta misma semana, el juzgado que investiga a nueve altos cargos de la Corporación Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) les ha citado a declarar por posible malversación y prevaricación. El juez trata de dictaminar si hubo sobresueldos e irregularidades en el proceso de selección. Había directivos que cobraban más que un consejero, mientras los gobiernos de ERC y Junts aumentaban el presupuesto de la cadena hasta cifras desorbitadas. Este es otro de los factores que indigna a los catalanes: TV3 cuesta más de 370 millones al año pagados con dinero público, pero cada vez hay menos audiencia debido a la pérdida de calidad y al sesgo ideológico del canal.

Cuatro personas sentadas en una mesa de conferencia con micrófonos y documentos, participando en una reunión formal

Aunque la pluralidad ideológica y la neutralidad deberían ser inherentes a los medios públicos, TV3 y Catalunya Ràdio se han convertido en un arma ideológica al servicio del poder. Su origen está en los años del Procés, cuando los partidos independentistas convirtieron la Corporación en una estructura de Estado. Esto ha continuado después, con el PSC como cómplice necesario de la deriva woke de la cadena.

Los catalanes están hartos de la manipulación y el bombardeo ideológico que se hace desde TV3 y Catalunya Ràdio. Esto se percibe en programas informativos, con temas como Oriente Medio, la vivienda o la inmigración. Pero también en programas de entretenimiento, que disparan siempre hacia los mismos. La cadena ha sido reprendida en varias ocasiones por sobrerrepresentar a determinados partidos y censurar o estigmatizar a otros.

La consecuencia de esto es la pérdida de audiencia, tal y como se ha podido comprobar esta semana. El especial de Open Arms en el prime time de TV3 fue un auténtico fracaso, bajando la audiencia del 13,7% al 2,3%: solo lo vieron 82.000 espectadores. El nuevo canal de TVE en catalán, 2Cat, está profundizando aún más esta crisis de audiencia de TV3.

La batalla política por la Corpo

La degradación de los medios de comunicación públicos catalanes ha provocado la reacción de los trabajadores. Estos han acordado en asamblea convocar una consulta para preguntar a las plantillas de TV3 y Catalunya Ràdio sobre el mantenimiento de estas marcas. Responden así a la polémica decisión de la Corporación de querer sustituir las marcas históricas por 3CatInfo.

Un hombre de cabello canoso y barba está hablando en un parlamento mientras varias personas lo observan atentamente desde sus asientos.

Esta degradación ha derivado también en una lucha política con varios frentes. Uno de ellos es la batalla entre Junts y el PSC, y la acusación de que los socialistas, con el beneplácito de Esquerra y Comuns, están "españolizando" la cadena. Otro es el de la enmienda a la totalidad de partidos como Vox y Aliança Catalana, que plantean la necesidad de cerrar TV3 o cambiarla de arriba a abajo.

Junts ha roto esta misma semana el acuerdo por el cual invistieron a Rosa Romà como presidenta de la CCMA, junto a PSC y ERC. Una muestra de la politización descarada de los medios públicos en Cataluña, que ha llevado al proceso de degradación que parece no tener fin.

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