
Colectivos afines a la CUP piden censurar un debate sobre inmigración en Vilafranca
El CEO ya confirmó que la inmigración es una de las preocupaciones más destacadas de la sociedad catalana
El debate sobre inmigración previsto para este viernes en Vilafranca del Penedès ha desatado una nueva polémica en Cataluña. Diversos colectivos vinculados a la CUP han exigido la cancelación del acto por la participación de Santiago Espot. A través de redes, Espot denunciaba públicamente la campaña contra él y acusa a la extrema izquierda de querer “volver a 1940” por intentar silenciarle.
“La llamada extrema izquierda pro-Palestina quiere censurar mi participación en el acto de este viernes. Si España no ha conseguido hacerme callar, no lo harán estos poca-pena”, escribía. Los promotores del boicot justifican su oposición argumentando que la presencia de Espot “legitima posiciones xenófobas y contrarias a los derechos humanos”. Sin embargo, el tono del comunicado muestra que lo que realmente está en juego es la posibilidad de debatir sobre temas sensibles.
La intolerancia como respuesta
Los colectivos afines a la CUP califican el acto de amenaza para la "convivencia". El argumento es siempre el mismo. Todo discurso que cuestione el multiculturalismo o las políticas de inmigración debe ser silenciado en nombre del antirracismo. Esto contrasta con la realidad social de Cataluña.

Y es que, lo que debería ser un debate abierto sobre un fenómeno social que preocupa cada vez más a la ciudadanía, se transforma en un nuevo intento de censura. Los datos del CEO muestran que la inmigración y la inseguridad ya figuran entre los cuatro principales problemas de los catalanes. Pese a ello, los medios generalistas y los partidos de izquierda siguen evitando abordar la cuestión con transparencia.
Este vacío comunicativo explica en parte el auge de formaciones y voces que reclaman tratar el tema sin tabúes. Los movimientos que intentan clausurar debates como el de Vilafranca no solo frenan la libertad de expresión, sino que refuerzan la sensación de que hay asuntos vetados. Y, paradójicamente, contribuyen a que quienes los abordan ganen mayor visibilidad.
Un síntoma de la Cataluña actual
El caso de Vilafranca no es aislado, sino parte de un patrón ya consolidado en la Cataluña universitaria y municipal. Conferencias canceladas, escraches a profesores y boicots a foros empresariales forman parte del paisaje de una izquierda que ha hecho de la censura un instrumento de legitimidad moral. Los mismos sectores que exigen “pluralidad” y “diálogo” en otros ámbitos practican la exclusión sistemática de cualquier discurso que desafíe sus dogmas.
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