Fotografia de Silvia Orriols en Ripoll
POLÍTICA

Multirreincidencia y padrón: cómo el municipalismo está impulsando el giro a la derecha en Cataluña

Alcaldes y concejales de todos los colores están empujando al cambio de enfoque sobre seguridad e inmigración

Las declaraciones del alcalde de Junts en Vic, Albert Castells, culpando la “llegada masiva de personas” del “colapso” de los servicios públicos, ha causado un gran revuelo. Pero no es un caso aislado. Un nutrido grupo de representantes locales de Junts han encabezado la revolución contra la multirreincidencia y el padrón universal que ha acabado en las agendas de los principales partidos.

Hombre de mediana edad con gafas y barba corta, vestido con chaqueta azul, al aire libre con un fondo urbano y árboles desenfocados.

Varios alcaldes de Junts llevan tiempo pidiendo una reforma legislativa para endurecer el código penal contra los multirreincidentes, y más competencias para regular el padrón. Entre ellos destacan el alcalde de Calella, March Buch, el de Figueres, Jordi Masquef, el de Martorell, Xavier Fonollosa, o el propio Castells en Vic.

Pero también han seguido esta línea los alcaldes de Cabrera de Mar (Òscar Fernández), Sant Quintí (Bernat Catasús), Santa Fe del Penedès (Jordi Bosch), Sant Cugat (Josep Maria Vallès), Maçanet (Natàlia Figueres), Sant Climent de Llobregat (Isidre Serra) y Font-Rubí (Xavier Lluch).

Este movimiento ha sido esencial para obligar a la cúpula de Junts a acelerar el giro a la derecha iniciado por Puigdemont tras la llegada de Sílvia Orriols a la alcaldía de Ripoll. El mayor logro de Aliança Catalana ha sido marcar la agenda política catalana. Sin ir más lejos, fue Orriols quien rompió el tabú sobre el control del padrón que ahora defienden sin complejos cada vez más alcaldes en Cataluña. 

Desde PSC y ERC hasta Comuns y CUP 

Aunque no todo se reduce a la asimilación del orriolismo como estrategia electoral, sino que hay también un pragmatismo lógico. Los alcaldes y concejales son los que sufren diariamente en sus carnes las consecuencias de años de políticas buenistas. Es lógico que al final sean ellos, los encargados de la gestión diaria de los problemas más inmediatos de los ciudadanos, los que guíen a unos dirigentes distanciados de la realidad.

De hecho, este movimiento de oscilación a la derecha no es exclusivo de Junts y alcanza a todos los colores políticos con más o menos intensidad. Varios alcaldes socialistas, desde Félix Larrosa, en Lérida, a Mireia González, en Santa Coloma de Gramenet, han aprobado planes de choque contra la multirreincidencia. Esta última en coordinación con Xavier García Albiol, alcalde del PP, que ha pasado de ser un apestado en el ecosistema política catalán a un modelo transversal de lucha contra la delincuencia.

Incluso representantes locales de ERC y Comuns han adoptado posiciones que serían impensables en sus partidos a nivel nacional. Como Marc Aloy, alcalde de Manresa, que pasó de tildar de “extrema derecha” a quienes denunciaban el auge de la inseguridad en la ciudad, a pedir ayuda contra la multirreincidencia. O el teniente de alcalde en Lloret de Mar por los Comuns, Friedric Guich, que criticó el padrón universal porque “favorece la inmigración ilegal”.

Un hombre con gafas y barba corta está de pie frente a un micrófono, ajustándose las gafas con una mano. Lleva una camisa blanca y parece estar en una sala de reuniones o conferencia, con varias personas desenfocadas en el fondo.

También hemos visto un giro pragmático en representantes locales de la CUP como el alcalde de Gerona, Lluc Salellas, que reclamó más presencia policial y mano dura contra la multirreincidencia y la okupación. Esto provocó un incendio dentro de la propia CUP, demostrando la distancia entre quienes pisan la calle todos los días y quienes hacen política desde los despachos.

Del auge de la CUP al 'efecto Orriols'

Ahora está ocurriendo algo parecido pero a la inversa al ciclo electoral 2011-2015, cuando el poder territorial condició la política nacional en Cataluña. Las elecciones municipales de 2011 marcaron el gran salto de la CUP, que multiplicó por cinco sus resultados consiguiendo 100 concejales y cuatro alcaldías. Las de 2015, que consolidaron su crecimiento, fueron clave para la entrada de la CUP en el Parlament.

Convergència i Unió ganó aquellas elecciones municipales de 2011, pero las grandes triunfadoras fueron las izquierdas con 4.000 concejales (2.115 de PSC, 1.377 de ERC, 400 de ICV y 100 de la CUP). Aquello marco una tendencia al alza de la izquierda tras una travesía por el desierto después del fracaso del Govern Tripartit. La tendencia se confirmó en 2015, con la irrupción de Ada Colau en Barcelona.

Durante aquellos años, el municipalismo fue también fundamental como empuje del proceso independentista, con iniciativas como la consulta de Arenys de Munt (2009) y la creación de la Associació de Municipis per la Independència (AMI) en 2011. El municipalismo lideró la oscilación del péndulo hacia la izquierda y el procesismo y consolidó la élite política que gobernó la década siguiente.

Ahora se está produciendo lo mismo a la inversa, y el municipalismo está actuando como acelerador del cambio social a la derecha. La alcaldía de Sílvia Orriols en Ripoll, en 2023, marca el inicio de este cambio que se extiende por todos los municipios para elevarse a las cúpulas de los partidos. Las elecciones municipales de 2027 serán clave para observar el alcance de este proceso de transformación.

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