
El abrazo del oso de Sílvia Orriols a Junts pone a Carles Puigdemont más contra las cuerdas
Junts tendrá que decidir tarde o temprano si pactar o no con Aliança Catalana
Sílvia Orriols ha dado un paso importante este martes al tender la mano a Junts para pactos postelectorales tras las municipales de 2027. La posibilidad de pactos entre Junts y Aliança Catalana siempre ha estado en el debate político en Cataluña. Pero esta es la primera vez que los dos partidos se pronuncian abiertamente sobre ello. Orriols para condicionar los pactos a que Junts se adapte a sus propuestas, y Junts cerrando la puerta a cualquier entendimiento con su rival directo en las encuestas.

Orriols nunca da puntada sin hilo, y la supuesta mano tendida a Junts era en realidad un abrazo del oso a Carles Puigdemont. Orriols ha dejado claro que cualquier pacto postelectoral pasa por el respeto íntegro al programa de Aliança Catalana. Esto obligaría a Junts a aceptar su sometimiento al orriolismo. Orriols sabe que Puigdemont no lo aceptará, lo cual le obliga a seguir compitiendo con Aliança Catalana. Y en estas condiciones, Orriols tiene las de ganar.
Así ha se puesto de manifiesto con la última decisión de Junts de votar en contra de la prohibición del velo islámico integral. La polémica decisión ha enfurecido a su parte del electoado más escorado a la derecha y susceptible de pasarse a Aliança Catalana. Una vez más se demuestra que los de Puigdemont están atrapados en su propia trampa. Formar parte del cordón sanitario les resta votos y engrosa las filas de Aliança Catalana, pero romper el cordón sanitario también fortalece a Aliança Catalana porque supone asumir sus postulados. Esto es precisamente lo que ha querido Orriols con su mano tendida a Junts: obligar a Puigdemont a retratarse ante su electorado.
La trampa de la que Junts no puede salir
Junts, que durante el Procés abrazó enérgicamente los postulados de la izquierda woke, se ha visto obligado a un giro a la derecha para competir con Aliança Catalana. Pero lo ha hecho desde el complejo y también con un calculado tacticismo para diferenciarse del proyecto orriolista. Esto le ha llevado a votar en contra de propuestas de Aliança Catalana que después reformula y las presenta como originales, y el caso del velo islámico es el mejor ejemplo.
Pero esta estrategia de Junts tiene muchas grietas. No solo porque comprar el marco mental de la derecha radical les convierte en sucedáneos de Aliança Catalana, sino también porque ahonda en su crisis de credibilidad. Al endurecer su posición en temas como la seguriad y la inmigración, proponen soluciones a problemas que ellos mismos han contribuido a crear. En la competencia por un mismo espacio electoral, Junts aparece como el partido procesista que ha gobernado en Cataluña todos estos años y por lo tanto responsables de las políticas inmigracionistas y buenistas. Mientras que Aliança Catalana aparece como una fuerza nueva y, por lo tanto, con margen de confianza.
Junts ha podido eludir por ahora el debate sobre posibles alianzas con el partido de Orriols. Salvador Vergés compareció tras las declaraciones de la líder de Aliança Catalana diciendo que "algunos hacen ruido mientras nosotros hacemos propuestas". Era lógico que Junts cerrara por ahora la puerta a los pactos, y es también de esperar que mantengan la posición a medida que se acerquen las nuevas elecciones. Junts intentará un cuerpo a cuerpo con Aliança Catalana, y para ello necesitan marcar distancias. Pero tarde o temprano tendrán que pronunciarse, y este momento llegará probablemente después de las elecciones municipales de 2027.
El peligro de caer en el mismo error
Junts puede encontrarse en las próximas municipales con el mismo escenario que ya se encontró en 2023, cuando una nefasta estrategia de pactos le llevó al aislamiento y la pérdida deprácticamente todo el poder territorial. En aquell ocasión el gran señalado fue Jordi Turull, que impuso una estrategia de máximos que impidió pactos en ayuntamientos y diputaciones y entregó importantes órganos de poder a PSC y ERC. Junts también optó en 2023 por no aliarse con PSC, ERC y CUP para impedir un gobierno de Aliança Catalana en Ripoll. Luego rompió el cordón sanitario para aprobar los presupuestos del gobierno de Sílvia Orriols, esta vez por órdenes directas de Waterloo.
Durante este tiempo se ha ido abriendo en Junts un sector partidario de buscar el centro y abandonar la intransigencia para explorar pactos con el PSC. Es decir, volver al pragmatismo que convirtió CiU en un partido hegemónico en Cataluña. Al mismo tiempo, sectores del partido buscan un giro más decidido a la derecha con pactos a largo plazo con Aliança Catalana. Es el caso del exdiputado Héctor López Bofill, pero también de Artur Mas que en alguna ocasión ha abierto la puerta a esta opción. Estos sectores creen que en el escenario actual cualquier reconstrucción del espacio nacionalista conservador pasa por apartarse definitivamente de ERC y la CUP, y entenderse con el independentismo identitario.
Más noticias: