Hanan Alcalde 'Barbie Gaza' en primer plano con expresión seria y fondo rosa que muestra una bandera de Palestina ondeando entre una multitud.
OPINIÓN

La paz en Gaza y el ridículo de nuestra izquierda

La reacción de ciertos sectores progresistas ante el acuerdo de paz en Gaza deja al descubierto su desconexión con la realidad y su radicalización ideológica

Imagen del Blog de Octavio Cortés

Uno de los momentos más bochornosos de nuestra izquierda (que en cuestión de dar vergüenza ajena no es especialmente tacaña) ha sucedido estos últimos días, a raíz del acuerdo de paz en Gaza. Cuando Trump y Netanyahu anunciaron los términos, salieron en tromba a calificar el acuerdo de indigno, injusto y Dios sabe cuántas cosas más, solo para encontrarse con que al día siguiente Hamás aceptaba el acuerdo y comenzaba a preparar la liberación de los rehenes. ¿Qué demostró esto? Literalmente, que son más extremistas que los propios terroristas de Hamás en su antisemitismo, en su imbecilidad crónica, en su toxicidad demoníaca.

Todo les ha pillado a contrapelo, pero a ellos les da igual. Recordemos que para mañana miércoles hay convocada una huelga general en toda España. Esta gente, que no convocan una huelga ni por la inflación, ni por los bajos salarios, ni por el precio de la vivienda, ni por el descontrol migratorio ni por nada realmente importante, llaman a paralizar el país entero por Gaza cuando los bandos combatientes ya han alcanzado un acuerdo y la guerra se ha acabado. Entidades mongoloides como el Sindicat de Llogateres, que reúne bajo su paraguas a personas con gravísimos problemas cognitivos, hacían el mismo lunes llamadas entusiastas a “paralizarlo todo por Gaza”, dado que por lo visto el precio de los alquileres depende de que Hamás pueda seguir imponiendo su agenda de terror islamista.

Palestinos celebran en el campamento de Nusairat tras la noticia del acuerdo entre Israel y el grupo palestino Hamás sobre la implementación de la primera fase del plan de paz estadounidense para la Franja de Gaza.

Ya hemos comentado suficientemente, estos últimos meses, el hecho de que el talante moral de nuestra izquierda queda retratado en el momento en que consideran el terrorismo islámico como una causa progresista. Llegaron a adornar el monumento a las víctimas de los atentados de la Rambla de 2017 con los colores de la bandera palestina. Nada es suficiente en su furor canino, en su odio a todo lo bueno, noble y justo en este mundo. Si el lector no tiene miedo a la inmundicia intelectual, puede repasar una entrevista a Ada Colau en la que critica en los términos más épicos el acuerdo de paz como cosa “colonialista”. ¿Cómo es que Hamás sí aceptó el acuerdo, querida Ada? ¿Son también ellos “sionistas genocidas”? 

Respecto de la flotilla: resulta admirable el modo en que se han repuesto a lo que ellos mismos llamaron “torturas de baja intensidad”, término cretinoide con el que se referían al maltrato atroz sufrido a manos de las IDF: estar sentados en el suelo o, literalmente, tener que beber agua del grifo. Hanan Alcalde, rubia desprovista de la capacidad del raciocinio, está estos días apareciendo en todas las tertulias, pero ya como personaje cómico. Por ejemplo, se desveló que se dedica al alquiler turístico de villas de lujo y que ni siquiera (a pesar de haberse convertido) conoce el significado básico de la palabra “Islam”, que ella traduce por “paz” cuando significa “sumisión”. Realmente, en la España progre no cabe un estúpido más.

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