
El negocio de Rufián
La nueva ambición de Gabriel Rufián toma forma y ya no encaja con el papel que le reservaban en su partido
Creo que a estas alturas nadie puede tener ningún tipo de duda de que para Gabriel Rufián esto del independentismo era un negocio. A diferencia de quienes creíamos en ello antes del estallido del procés y nos hemos ido desencantando, Rufián no ha creído nunca. Siempre lo ha utilizado para su propio beneficio, importándole un bledo el futuro del país y de sus ciudadanos.
Cuando ha visto que en ERC ya estaban hasta la coronilla de él —bastante lo han aguantado—, el que dejó Santa Coloma colgada para esbozar un nuevo proyecto político personal en España se ha quitado la careta. Y nos ha dejado claro que a él lo único que le interesa es seguir ocupando un escaño en el Congreso de los Diputados y, si puede ser, una cartera de ministro en la próxima legislatura, cosa que ERC nunca le permitiría.

Si en algo creo que es sincero Rufián es cuando dice que es de izquierdas. Eso sí, de esa izquierda caviar que clama a favor de la redistribución económica mientras vive como nuevos ricos. La misma izquierda que brama por los derechos sociales, pero que nunca acogería a un grupo de menores no acompañados en su propia casa. O los mismos que reivindican la subida de impuestos mientras cobran solo en dietas no tributables, lo que puede cobrar una familia entera con dos hijos de L’Hospitalet.
Rufián optará a ser presidente del Gobierno de España en los próximos comicios. Era su obsesión. El “charnego” que utilizaron Sumar y el independentismo para hacerse un hueco en la política a través de una ERC falta de liderazgos y referentes, pondrá su cara en los carteles de una macedonia electoral que, en el mejor de los casos, repetirá los resultados de su enemiga pública Yolanda Díaz —a la que con toda seguridad vetará, como en su momento ella hizo con Irene Montero—.

Está por ver si la lucha por el liderazgo de este nuevo artefacto de izquierdas dinamitará la amistad de Rufián con Montero. Ambos han hecho explícita su admiración mutua, no se sabe muy bien por qué. Pero me temo que, por muchas ganas de unir a la izquierda española que tengan, ni el uno ni la otra estarán dispuestos a renunciar a ser el número uno.
Rufián empieza su gira por España el 18 de febrero. La hará en avión, evidentemente, pagado por el Congreso de los Diputados, que una cosa es ser de izquierdas y otra ser tonto. A ver si cuando venga al área metropolitana coge Rodalies y asume el cabreo generalizado con sus cheques en blanco al PSOE de Pedro Sánchez, que han empobrecido Cataluña. Ah, y hablará en español, evidentemente, ya no tendrá que hacer el esfuerzo de hablar catalán ni siquiera para justificar la traducción simultánea tan reclamada en las Cortes españolas. Es su negocio personal.
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