Julio Iglesias sonriente en primer plano con fondo rosa que muestra una balanza de la justicia un mazo y un ordenador portátil.
OPINIÓN

Julio Iglesias y la cultura de la cancelación de la izquierda

Julio Iglesias ya está sentenciado en la calle sin instrucción ni juicio, y eso dice más del país que del caso

Culpable. Julio Iglesias, el más internacional de nuestros artistas hoy en día, ya es culpable de no sé cuántos delitos, cada cual más grave. No hace falta una instrucción, no hace falta escuchar su versión, no hace falta un juicio ni una condena.

Julio Iglesias ya es culpable de todo y, por este motivo, hay que cancelarlo profesional y socialmente. Y retirarle todos los reconocimientos que, en algún momento de su exitosa carrera, haya podido recibir. Incluso el Guinness por ser el cantante que más ha vendido en el género de la música latina. Para la izquierda de este país, Julio Iglesias ya no debería existir.

Primer plano de Julio Iglesias serio en un evento

Quienes promueven este boicot al artista, quienes piden que se le retiren todas las condecoraciones que ha recibido a lo largo de su vida, son los mismos que callan cuando el Partido Socialista deja en un cajón durante cuatro meses varias denuncias por acoso sexual contra un dirigente socialista.

Algunos de ellos, que se proclaman como los más feministas, y que reclaman la presunción de inocencia cuando se trata de Begoña Gómez, el hermano de Pedro Sánchez, Santos Cerdán o alguno de los altos cargos del PSOE acusados de ser como mínimo unos cerdos, incluso reivindican a los cuatro vientos la honorabilidad de sus compañeros y su inocencia, poniendo así en duda la versión de las denunciantes que tanto defienden en el caso de Julio Iglesias.

Hace muchos años que en este país existe un debate sobre la pena del telediario. El escarnio público al que se somete a algunas personas con el mínimo testimonio, que en el caso de Iglesias no pondré en duda, es capaz de provocar un sufrimiento terrible. E incluso, además de destrozar la vida de los señalados y de sus familias, a veces tiene consecuencias letales también en forma de suicidio por la presión que deben soportar sabiendo que son inocentes.

Primer plano de Santos Cerdán con rostro serio llegando a una sesión de control al Gobierno, a 28 de mayo de 2025, en Madrid.

El mal funcionamiento de la justicia en España, con procedimientos que se alargan durante décadas con personas imputadas o incluso en prisión preventiva que acaban siendo exoneradas, también es cierto que no ayuda en absoluto. Y en mejorar estos plazos deberían estar entregados en cuerpo y alma los ministros que dedican más tiempo a esparcir barro que a hacer su trabajo.

Veremos qué pasa con el caso de Julio Iglesias. Dejemos que sea la justicia la que determine si ha habido delito o no. Pero mientras no haya un juicio y una sentencia, dejemos de hacer juicios paralelos y de hacer daño profesional, social y económicamente a nadie.

Cuando haya sentencias, retiremos honores, premios y todo lo que haga falta. Hasta entonces, respeto absoluto a los procedimientos judiciales y a la presunción de inocencia. Y aprovechemos el caso Iglesias para destapar la caja de los truenos de las mujeres de izquierdas o los hombres gais con actitudes semejantes al machismo que se denuncia contra Iglesias y sobre los que la izquierda calla.

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