Retrato en primer plano de Jeffrey Epstein con expresión seria sobre un fondo rosa con siluetas humanas dibujadas en tiza.
OPINIÓN

Epstein, el ruido y la furia

Ya no se distingue qué escándalo tapa a cuál, y esa confusión no es casualidad, es el mecanismo perfecto para que nadie siga el hilo hasta el final

Imagen del Blog de Octavio Cortés

Finalmente se han desclasificado miles de archivos federales sobre Jeffrey Epstein y no parece que la escena política internacional vaya a ser la misma después de la cascada de revelaciones. No hay lugar aquí para una crónica exhaustiva de lo que está sucediendo, pero sí al menos para señalar unos cuantos detalles importantes.

- Las teorías de la conspiración se quedaron cortas. En efecto, una élite de pedófilos y satanistas ocupa los puestos de mando de la escena internacional: políticos, artistas, empresarios, periodistas, incluso la realeza (el caso de Noruega se ha sumado de manera estrepitosa). La principal prueba de ello es que, incluso a este nivel de revelación, no hay un solo detenido, un solo procesado, un solo condenado.

Consejo secreto de figuras encapuchadas con símbolos esotéricos reunidas alrededor de una mesa redonda en una sala oscura iluminada por velas.

- La sensación es que el Mossad perdió el control de una operación habitual de “honeypot”, técnica que consiste en tener grabaciones de la gente en situaciones comprometidas (un saludo desde aquí a la familia de Sabiniano Gómez, filántropo español). El intento por matar la operación mediante el falso suicidio de Epstein ha provocado el mayor caos político de nuestra época.

- La administración Trump tiene una herida de la que no se recuperará, no tanto por las menciones a Trump en cientos de emails con acusaciones imposibles de verificar, como por el papel vergonzoso de la fiscal Bondi y el FBI de Kah Patel por negar, durante el verano pasado, que hubiera nada interesante en los archivos de la investigación. El partido demócrata ha forzado la desclasificación de los archivos, es verdad, pero tampoco sale bien parado, dada la implicación de Bill Clinton y altos cargos de su administración, como el infame John Podesta.

- Ya es imposible saber qué escándalo se está usando para cubrir otros escándalos. La guerra de Ucrania, el crack financiero, la desclasificación de los archivos UAP, el ataque a Irán, el fraude planetario del COVID, etc. Puede ser que el tema Epstein se use para cubrir todo eso o que todo eso se use para cubrir el tema Epstein. Lo único seguro es que las compuertas se han roto y nadie en su sano juicio puede confiar en nada que venga desde las cimas de la jerarquía de poder. La corrupción no afecta al sistema: la corrupción es el sistema.

Fotomontaje con una imagen de fondo de un edificio medio destruido en una población de Ucrania, y al frente una redonda roja con varias personas del ejército ucraniano

- La única figura que sale reforzada es la de Elon Musk: desde el momento en que compró Twitter para instalar un ágora global de total libertad de expresión, las narrativas oficiales encontraron un enemigo imposible de doblegar. El sistema ha venido operando mediante una falsa alternancia entre izquierda y derecha que no afectaba a las verdaderas estructuras de poder. Ahora ya sabemos que todo eso es teatro y que nos enfrentamos a una élite que no responde ante nadie y que opera con total impunidad. Ni un solo detenido, ni un solo procesado, ni un solo condenado.

- Han aparecido un par de entrevistas con el mismo Epstein (una conducida por el insigne Steve Bannon, en la que se le llega a preguntar a Epstein si es Satanás en persona) gracias a las cuales tenemos constancia irrefutable de que en el origen del sistema de poder está el control de la masa monetaria gracias al sistema de reserva fraccionaria. El mismo Epstein lo explica sin ningún tipo de ambigüedad: la gente trabaja para devolver a los bancos un dinero que simplemente no existía antes de que lo pidieran. Es una forma de magia negra financiera, raíz de la esclavitud planetaria.

- El espacio de debate político está estropeado para siempre. Solo hay un tsunami de ruido y manipulación. El relato común habrá que buscarlo en otra parte, regresando a las fuentes antiguas de los valores espirituales y la desobediencia. Todo lo demás es hacer el trabajo a nuestros carceleros.

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