
Cero escaños para Podemos
Lo que ha pasado en las elecciones Aragón deja una pista clara sobre el cambio de ciclo y lo que todavía está por llegar

Hoy toca dejar de lado el análisis, para dedicarse de todo corazón a la burla, el escarnio y la celebración. Sobre las elecciones en Aragón y su previsible resultado habrá tiempo de hablar. Hoy toca saborear, con calma, la desaparición de Podemos en las nobles tierras aragonesas.
¿Montarán una flotilla que remonte el Ebro con guitarras y clases de yoga para gordas demenciadas? ¿Buscarán una competición ciclista para apalizar a los participantes? ¿Sacarán a algún travesti para explicar las maravillas de los penes femeninos? ¿Continuarán con su campaña contra las redes sociales, donde la gente tiene la costumbre, tan fascista, de ejercer su libertad de expresión?

Podemos ha conseguido algo que tiene cierto mérito: ya no provocar en el electorado un grado de rechazo, sino auténtica repugnancia. El partido de Alvise ha triplicado en votos a la candidatura de Podemos, el ridículo es absoluto. Han quedado por debajo del uno por ciento, cuando hace unos años tenían catorce escaños: se ve que insultando a la gente a todas horas no se consigue que la gente te vote. Quién lo hubiera imaginado.
Lo último que sabemos de las chicas de Galapagar fue la propuesta de efectivamente sustituir a la población autóctona por africanos ilegales. Irene Montero publicó un video desde Lavapiés, alabando la diversidad de un barrio del que ella y su marido huyeron para instalarse en una urbanización de lujo y escolarizar a sus hijos en un colegio privado. El término “hipocresía” ya no es suficiente, tampoco basta hablar de “pérdida de contacto con la realidad de la clase trabajadora”.
Tratamos con una pequeña banda de vividores cuyo único objetivo es prolongar un par de años más su nivel de vida babilónico a costa de una ridícula minoría de votantes con síntomas de un retraso mental patológico. Presentaron a las Cortes de Aragón a una tal Goikoetxea, ser humano sonambular, del tamaño de un trasatlántico, que en condiciones normales estaría tirando pan a las palomas del parque, tarareando algún estribillo de Silvio Rodríguez. Como refuerzo, hicieron aparecer a Pablo Iglesias en un mitin delante de treinta personas. Luego ha venido el baño de realidad, que ellos procesarán como un avance del fascismo, para después aparecer en todas partes insultando de nuevo a todo el mundo. Una delicia.
Si votaran los okupas, los violadores excarcelados, los pistoleros de Hamás y los manteros, Podemos quizás, en un futuro, podría llegar al nivel del PACMA o de los Amigos de la Filatelia. Pero el problema es que vota la gente normal, la que intenta sacar adelante un negocio o una familia, gente que ya no tiene respecto de Podemos una perspectiva política, sino meramente higiénica. Es un trabajo de desinfección y está casi concluido.
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