
Encuesta CEO: Cómo Carles Puigdemont ha pulverizado la herencia convergente
Sílvia Orriols está llamada a ocupar el espacio del nacionalismo conservador abandonado por Junts
La nueva encuesta del CEO de la Generalitat, publicada este lunes, muestra una tendencia al alza de Aliança Catalana y un estrepitoso hundimiento de Junts. Según este sondeo, el partido de Sílvia Orriols alcanzaría a la formación de Carles Puigdemont, y estaría a solo tres escaños de ser segunda fuerza. Esto confirma el vuelco en el tablero político catalán, que tiene como trasfondo el descarrilamiento del Procés y la crisis de los partidos procesistas.
Encuesta Centre Estudis d'Opinió (CEO) noviembre 2025
Partido | CEO noviembre escaños (% de voto) | Escaños actuales (% de voto actual) |
PSC | 38-40 (24-27%) | 42 (28%) |
ERC | 22-23 (14-17%) | 20 (13,6%) |
Junts | 19-20 (13-15%) | 35 (21,6%) |
Aliança Catalana | 19-20 (11-14%) | 2 (3,7%) |
Vox | 13-14 (9-11%) | 11 (7,9%) |
PP | 12-13 (8-10%) | 15 (11%) |
Comuns | 6 (5-7%) | 6 (5,8%) |
CUP | 3-4 (4-6%) | 4 (4%) |
Fuente: CEO (Generalitat de Catalunya)
Los sondeos hay que tomarlas siempre con pinzas, y de hecho Junts ha denuncia una campaña para perjudicar al partido con encuestas cocinadas y tendenciosas. Pero, a pesar del margen de error, las encuestas sí sirven para tomar el pulso al momento político. Y en este caso, además, los resultados son congruentes con las encuestas sobre las percepciones ciudadanas.

Las recientes encuestas de opinión muestran la seguridad y la inmigración como la principal preocupación de los catalanes, junto a la vivienda. También muestran que una mayoría de catalanes está a favor de leyes más duras contra la multirreincidencia, y de mayores controles migratorios. Refleja también una oscilación ideológica hacia la derecha radical, sobre todo entre los más jóvenes.
El sondeo del CEO de este lunes refleja el proceso de descomposición del espacio convergente tras la década procesista. Los herederos de CiU, Junts, han dejado de representar las aspiraciones de un proyecto nacionalista de orden. Esto, sumado a la "traición" del 1-O, la crisis de liderazgo de Carles Puigdemont, y el pacto con el PSOE, ayuda a entender mejor el hundimiento en las encuestas.
Un hundimiento que ha contribuido a acelerar la irrupción de Aliança Catalana, partido llamado a llenar el espacio del nacionalismo conservador abandonado por Junts. Estas son las claves para entender cómo Carles Puigdemont ha pulverizado la herencia convergente.
El Procés y la descomposición del nacionalismo conservador
El pujolismo era muchas cosas, pero sobre todo hegemonía, centralismo y estabilidad. El llamado “oasis” catalán hacia referencia a la consolidación de un gran espacio ideológico capaz de integrar distintas sensibilidades pero con un claro sello conservador y de orden. Alrededor de este gran espacio orbitraban otras opciones políticas, siempre en minoría.
La crisis de hegemonía que derivó en el gobierno tripartito (PSC, ERC, ICV) y la crisis económica de los recortes (2008) llevó a Artur Mas, heredero de Jordi Pujol, a explorar la vía del concierto económico. Su fracaso, sumado a la frustración del Estatut, abonó el terreno para la aventura soberanista.
Para sacar a CiU de la crisis, Artur Mas alentó un proceso soberanista transversal que tenía que romper los estrechos moldes del nacionalismo pujolista y que pronto fue capitalizado por la izquierda radical. Hasta el punto de que diez diputados de la CUP fueron suficientes para enviar al propio Artur Mas “a la papelera de la historia”. Ahí emergió la figura de Carles Puigdemont, que aceleró el proceso de asimilación de la antigua Convergencia al nuevo movimiento independentista con marcado acento progre.

Fue aquella una época agitada para la extinta CiU, que ya convertida en Junts empezó a dar entrada a sector procedentes de la sociedad civil y con tendencias izquierdistas. En paralelo, la radicalización de ERC y el predominio de la CUP y sus satélites en el Procés acabaron arrastrando a Junts hacia la izquierda. Con Puigdemont al frente, el nacionalismo conservador quedó diluido en un amorfo movimiento woke que tanto apelaba al ‘volem acollir’ de moda como negaba la autoridad policial o pedía el cierre de los CIES al más puro estilo cupaire.
La crisis del Procés y el hundimiento del procesismo
El Procés condujo Cataluña a una rápida destrucción de los espacios ideológicos clásicos, y la desaparición del gran espacio de centro que representó el pujolismo. El viaje a la izquierda de Puigdemont acabó beneficiando a ERC, que en pocos años alcanzó los mejores resultados de su historia reciente. Una vez fracasado el Procés, Junts y ERC pasaron de ir en coalición a competir por un mismo espacio político.
Para ERC la adaptación ideológica a la Cataluña del posprocés fue más armónica y menos traumática. Para Puigdemont, en cambio, fue una tortura. El fiasco de la estrategia judicial en el exilio y la ruptura con el Govern en 2022 llevaron el partido a la desorientación más absoluta. La crisis del chiringuito de Puigdemont, el Consell de la República, dejó al descubierto la gran estafa del principal líder del independentismo.
La dura travesía de Junts por el desierto coincidió con un acelerado proceso de descomposición social reflejado en la crisis migratoria y de seguridad. Diez años de Procés habían llevado a la ruina, el aislamiento internacional y una crisis social sin precedentes marcada por la decadencia y la degradación. Pese al evidente fracaso, la casta procesista seguía en sus puestos lucrándose del sistema partitocrático que habian prometido derribar.
La frustración del independentismo se dirigió hacia sus líderes, y especialmente hacia Carles Puigdemont. Algunos sectores del partido llevan tiempo reclamando una vuelta a las esencias convergentes y un relevo de liderazgo. Pero Puigdemont consolidó su liderazgo en el congreso del año pasado, y con él su estrategia que ha llevado al partido al aislamiento y la crisis de confianza.
Aliança Catalana y el precipitado giro a la derecha
El primer síntoma del agotamiento de su liderazgo fue el 'triunfo' del abstencionismo del independentismo indignado en el ciclo electoral de 2023. Aquel mismo año, Sílvia Orriols consiguió la alcaldía de Ripoll y logró poner su agenda política en la centralidad catalana en un tiempo récord. Pese a todos los cordones sanitarios, Aliança Catalana se impuso como un fenómeno inédito en Cataluña.

La incapacidad de neutralizar el 'efecto Orriols' llevó a Puigdemont a intentar copiarles, iniciando un precipitado giro ideológico a la derecha. Pasó de pedir el cierre de los CIES a flirtear con las propuestas del partido antiinmigración, pero ya era demasiado tarde.
En el período que va desde 2016, cuando fue elegido President de la Generalitat, hasta hoy, Puigdemont ha destruido el espacio nacionalista conservador. Ahora intenta ocupar nuevamente aquel espacio, pero sin renunciar a corrientes internas progres que alimentan el desconcierto ideológico. Esto sumado al despropósito de su estrategia de alianzas abona el terreno para el auge de Aliança Catalana.
La receta de Orriols es sencilla, orden social y un proyecto independentista valiente pero también pragmático lejos de los gestos simbólicos del procesismo. El tiempo dirá si el CEO acierta o no, pero es congruente con el momento político y la derivada lógica del fracaso de Puigdemont.
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