
La condena al fiscal general deja a Sánchez más tocado: ya solo le salva Junts
Pero Puigdemont no se atreve a impulsar una moción de censura
La condena del Tribunal Supremo al fiscal general del Estado ha golpeado de lleno al Gobierno de Pedro Sánchez. La sentencia, que inhabilita a Álvaro García Ortiz, ha abierto una crisis política inesperada y ha dejado al presidente en una posición más frágil que nunca. En este momento, solo el apoyo de Junts impide que la legislatura se dé por agotada.
El PP ha reaccionado con dureza, y Alberto Núñez Feijóo ha exigido la dimisión inmediata de Sánchez y la convocatoria de elecciones. Ha recordado que “por primera vez en democracia, un fiscal general ha sido condenado en el cargo” y ha señalado al presidente como principal responsable político. Otros dirigentes populares han ido incluso más lejos, usando las propias palabras que Sánchez pronunciaba hace un año para ironizar sobre su defensa del fiscal.

La sentencia llega después de que Sánchez defendiera públicamente la inocencia de García Ortiz. Lo hizo incluso en portada de El País, pocos días antes de conocer el fallo. Ahora, el contraste entre sus declaraciones y la decisión del Supremo agranda la crisis y hace todavía más difícil mantener la estabilidad parlamentaria.
La salida del fiscal general se suma a una larga lista de problemas. El caso de Santos Cerdán y José Luis Ábalos, las sospechas sobre la financiación del PSOE y las investigaciones que afectan al entorno familiar del presidente han abierto una vía de agua judicial que no deja de crecer. El Gobierno intenta contenerla, pero cada semana aparece un nuevo episodio que alimenta el desgaste.
Una legislatura pendiente de un hilo
La dimensión política es igual de grave, y Junts y Podemos llevan meses avisando del deterioro del pacto de investidura. Cada votación en el Congreso es una negociación al límite, y algunas leyes han quedado directamente aparcadas ante la falta de apoyos. El PSOE no tendrá presupuestos para 2026, y la ruptura pública entre Carles Puigdemont y el Gobierno ha dejado claro que la relación atraviesa su peor momento.
Además, es evidente que Sánchez gobierna partido y partido, y que cada pleno es una montaña rusa. ERC y el PNV ya han deslizado que, si la crisis continúa, no descartan pedir elecciones. El cálculo es simple: sostener al Gobierno empieza a tener un coste electoral demasiado alto.

Junts es el último salvavidas
Con el fiscal general fuera, con la vía judicial abierta y con los socios cada vez más incómodos, Sánchez apenas tiene un apoyo decisivo para resistir: Junts. Sin sus siete votos, la legislatura estaría hoy prácticamente acabada. Y en ese equilibrio precario se entiende por qué cada gesto de Puigdemont adquiere un peso que va mucho más allá de la aritmética.
Asunto distinto es que la dirección de Junts haya optado por jugar al farol constante y ya nadie sepa a ciencia cierta qué pretende hacer. Lo que es seguro es que Junts sostiene a un Frankenstein sin vida desde el momento que se niega a apoyar una moción de censura. Mientras tanto, Sánchez está en el poder, y eso le basta y le sobra.
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