Un niño y una mujer están sentados en una mesa revisando un documento juntos, rodeados de materiales escolares y una computadora portátil.
OPINIÓN

La escuela sin deberes

El gran debate sobre los deberes escolares: ¿es la eliminación la solución al fracaso académico o un paso atrás?

Algunas asociaciones de padres con algunos pedagogos y expertos educativos han propuesto que los estudiantes no traigan deberes a casa. Para ello argumentan que, si los adultos no tienen deberes en el trabajo, los alumnos tampoco los tengan en casa. Pero ¿son nuestros alumnos adultos? Y lo más paradójico, ¿cuántos adultos no realizan encargos laborales en el hogar?

Cualquier profesor tiene deberes continuamente en casa para la preparación de sus clases, ¿también a este le van a prohibir realizar sus deberes? No obstante, los defensores de la escuela sin deberes, como la CEAPA, añaden que los alumnos pueden aprender autónomamente por sí solos. Pero ¿cómo aprender sin saber lo que sí sabe el profesor y sus deberes? Pues en muchas comunidades autónomas se ha defendido y extendido la erradicación de los deberes, dando resultados ínfimos en las pruebas PISA.

Un niño estudiando en un escritorio con un libro abierto y tomando notas en un cuaderno.

Queda claro que lo anterior resulta paradójico, si se es autónomo no se es niño, se debería ser adulto. En fin, que la educación sin deberes fundamenta su teoría en la nada más absoluta y sin demostración alguna. Además, no existe ningún artículo científico serio que asegure que sin deberes en casa reduciremos nuestro lacerante fiasco académico, al contrario, lo acentuaremos. Y cabe recordar que duplicamos la media europea.

En junio de 2012, la Generalitat de Cataluña presentó un informe con el título Ofensiva de País a Favor de l’Èxit Escolar en donde se ponía de manifiesto que un treinta por ciento de nuestros alumnos no logran aprender a aprender. Además, y según los datos del MEC, el 33 por ciento de los escolares españoles con 16 años repitió curso antes de la LOMLOE. Ahora la repetición ha sido borrada del mapa legal y hay quien dice que la supresión de esta ha sido para reducir gastos en educación. El antiguo Secretario de Estado, Alejandro Tiana, declaró que los alumnos repetidores suponían para las arcas públicas un coste de 1.000 millones de euros anuales. Es decir, más de 30.000 millones de euros en lo que llevamos de la ESO. Ante la política cada vez más neoliberal, quizás no les falte razón a quienes piensan así.

Pero una de las causas que provocan un elevado fracaso escolar es la falta de atención familiar en cariño, límites y deberes. Parece como si las familias que defienden la escuela sin deberes quisieran exculparse de la principal responsabilidad hacia sus hijos, la de educar. Queda claro que este tipo de teorías pretende cargarse la cultura dentro de la propia escuela, pero es exigible que nuestro sistema educativo brinde a nuestros hijos lo que muchos padres no saben. Para ello nuestros vástagos van al colegio y hacen los deberes que se les diseña.

Una persona adulta ayuda a un niño con su tarea en un escritorio lleno de útiles escolares, libros y una computadora portátil, mientras el niño sostiene un lápiz y observa atentamente el documento que están revisando juntos.

Con todo lo anterior se pretende potenciar su autonomía, su capacidad racional y lo más importante, que aprendan por ellos mismos bajo su esfuerzo y sus deberes. La realidad es bien simple, sin deberes en casa se estará desaprovechando todo el potencial heredado de nuestros hijos. Para reducir el principal problema de nuestra enseñanza, el lacerante fracaso escolar, hay que mejorar las rutinas de concentración, de deberes y de estudio, en otro caso PISA nos seguirá pisando.

Hay que tener en cuenta lo que ocurre en Singapur, Japón, Corea del Sur y Taiwán, allí los estudiantes dedican en casa una media de trece horas semanales de trabajo y estudio. Ello explica que en PISA obtengan unos resultados óptimos y muy homogéneos entre sus centros. Resulta imposible que un estudiante tenga éxito en sus aprendizajes si este no se siente obligado a algo muy simple, estudiar. Sirva para ello el ejemplo del sistema educativo de California. Allí los alumnos latinos tienen una perspectiva fatalista de ellos mismos y fracasan académicamente al no estudiar.

En cambio, los asiáticos saben que el trabajo sostenido les sirve como ascensor social. En consecuencia, los latinos culpan a la sociedad de su frustración y esperan que esta les compense mientras los asiáticos mejoran día a día su situación profesional. De esta manera, los asiáticos son los mejores estudiantes del sistema escolar californiano, ya que simplemente estudian más. Aquí, en España, se suspende más al estudiar menos.

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