Un jugador de fútbol celebrando con expresión de emoción y fondo dorado.
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Vinícius Júnior pierde la paciencia con los pitos en el Bernabéu: 'Ya está, caralho'

Una noche marcada por la tensión, la exigencia de la grada y Vinícius como protagonista absoluto en el Bernabéu

La relación entre Vinícius Júnior y la grada del Santiago Bernabéu atraviesa uno de sus momentos más delicados. El brasileño volvió a ser señalado por parte de la afición, en un contexto general de malestar por el rendimiento del equipo en las últimas semanas. No es un caso aislado, sino el reflejo de una tensión que se arrastra desde hace meses.

El madridismo viene mostrando su descontento con la actitud y el juego del equipo, especialmente tras actuaciones europeas que dejaron dudas. Ante el Rayo Vallecano, el ambiente fue algo menos hostil, pero Vinícius volvió a ser pitado desde el primer minuto.

Pitos tempranos y una reacción inmediata

Apenas se había superado el primer minuto de partido cuando el ‘7’ escuchó silbidos en sus dos primeras acciones, lejos de esconderse, respondió con personalidad. Arrancó desde la banda izquierda, llegó hasta línea de fondo y puso un centro peligroso al área, aunque sin encontrar rematador. Una declaración de intenciones clara.

Futbolista de espaldas con camiseta blanca del número 7 y el nombre Vini Jr en un estadio desenfocado

Acto seguido, Vinícius se dirigió a la grada del fondo norte, con los brazos en alto, pidió apoyo y animó a cambiar los pitos por aliento. Algunos aficionados reaccionaron poniéndose en pie; otros observaron la escena con distancia. No era la primera vez que el brasileño reclamaba complicidad, pero sí una de las más explícitas.

“Ya está, caralho”: el grito que lo dice todo

El momento más tenso llegó avanzada la primera parte, cuando Vinícius, visiblemente molesto, se giró hacia la grada y pidió que cesaran los silbidos. Las cámaras captaron perfectamente su mensaje: “¡Vamos, caralho! ¡Ya está, caralho, estamos jugando!”. Una frase directa, sin filtros, que refleja el estado emocional del jugador.

Pese a todo, lejos de desconectarse, el brasileño se activó aún más. Cada balón que tocaba buscaba verticalidad, desborde y energía. Poco a poco, los pitos fueron dando paso a los primeros aplausos, ganados a base de insistencia y carácter.

El gol que cambió la noche

La reconciliación empezó a tomar forma en el minuto 15. Vinícius recibió el balón en el vértice del área, amagó, dribló y sacó un derechazo espectacular que se coló en la escuadra. Un golazo que abrió el marcador y levantó al estadio.

El Bernabéu, exigente como pocos, pasó del reproche al reconocimiento en cuestión de segundos. Vinícius celebró con rabia, consciente de lo que acababa de suceder. Una noche de tensión, explosión emocional y talento que refleja la compleja relación entre Vinícius y su afición, donde nada pasa desapercibido.

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