Futbolista pensativo en primer plano con aficionados animando en la grada de fondo
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La afición del RCD Espanyol aplaude el sincero gesto de Joan García en Cornellà-El Prat

El portero del Barça fue el gran protagonista del derbi catalán por varios motivos

Joan García fue el gran protagonista del derbi catalán que se disputó el sábado en Cornellà-El Prat. La previa venía marcada por el regreso a la que fue su casa, con un ambiente cargado de tensión desde el primer minuto. En el RCD Espanyol, Joan creció hasta convertirse en el portero de élite que es hoy en día, pero el verano pasado decidió cambiar de bando en la Ciudad Condal.

Su traspaso al FC Barcelona fue considerado por muchos aficionados pericos como alta traición y así se lo hicieron saber en su vuelta. Joan García fue recibido con pitos, insultos y abucheos de todo tipo, demostrando la herida que ha dejado su salida al eterno rival.

Portero con uniforme negro y guantes levantando la mano en un estadio mientras el sistema de riego está encendido

Lo interesante es que, en medio del ruido, Joan García no se escondió ni buscó refugio en gestos teatrales. Lejos de mostrarse afectado, cuajó una actuación impresionante con paradas de mucho mérito. Dominó el área en todo momento, realizó grandes paradas y sostuvo al Barça en los tramos decisivos: su actuación fue tan destacada que terminó recibiendo el premio al MVP del partido.

Ahora bien, uno de los puntos que ha pasado más desapercibidos de su actuación llegó en los minutos finales. Y es que Joan García tuvo un gesto que, en un estadio tan caliente, no pasó desapercibido.

El gesto de Joan García que aplaude la afición del RCD Espanyol

Sí, porque pese al hostil recibimiento que tuvo, Joan García no celebró los goles del Barça. En ambos tantos bajó la cabeza y se volvió a su portería sin el menor atisbo de alegría. Fue un gesto sencillo, casi íntimo, pero cargado de significado, porque en el fútbol los símbolos pesan, y más aún cuando hay heridas abiertas.

Ese comportamiento no borra el enfado de muchos pericos, ni pretende hacerlo. Para una parte de la afición del RCD Espanyol, el cambio al Barça seguirá siendo una línea roja difícil de cruzar. Sin embargo, el gesto de Joan fue interpretado por algunos sectores como una forma de reconocer su pasado, de no pisotear el lugar donde se formó y eso fue bien recibido.

Además, este tipo de detalles suelen tener un efecto a largo plazo. No cambiará la opinión de quien está decidido a silbarle para siempre, pero sí abre una rendija para quienes valoran la profesionalidad y el respeto mutuo por encima del rencor. En el RCD Espanyol, donde el orgullo pesa y la memoria no se borra, ese matiz puede ser el inicio de una relación menos hostil, aunque nunca vuelva a ser cómoda.

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